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ACTAS DEL APÓSTOL CATÓDICO

ACTAS ANTERIORES

CAPÍTULO 6

(Donde El Apóstol recita Aquellas Palabras que lo hicieron famoso)

 

El Apóstol Catódico se puso de pie y se interpuso entre El Camionero Rojo y el Gran Lama de Saavedra. Un pesado silencio se hizo de pronto en le estudio, como si todos supieran de pronto que algo importante estaba por pasar.

El Apóstol se aclaró la voz, sonrió, y comenzó a recitar Aquellas Palabras que lo hicieron famoso. Y dijo:

Yo, que una vez tuve un libro.

Yo, que una vez escribí mi nombre sobre un árbol.

Yo, que una vez dejé plantada a la que hubiera sido la madre de mis hijos.

Yo, que he vivido, quiero hablarles con voz clara y argentina, porque quien quiera seguirme deberá escuchar estas mis palabras.

Yo les anuncio que ya llega el día en el que el futuro será presente, y el presente será pasado.

Ya llega el día en el que el mañana será el hoy, y el hoy será el ayer.

Ya llega el día en el que se levantará siamesa contra siamesa.

Ya llega el día en el que no quedará piedra sobre piedra con la que puedas tropezar dos veces.

Ya llega el día en el que, poniendo mucho huevo, el agua y el aceite se unirán, haciendo mayonesa.

Ya llega el día en el que se mezclarán Pérez y Manzano, y en el que en la frutería del viejo Olmo te darán las peras que no debiste pedirle.

Ya llega el día en el que Mario Lobo se abrazará con Hugo Cordero para gritar un gol de Gimnasia de Jujuy.

Ya llega el día en el que Lo Alto ayudará a los que madrugaron en su fe en este Apóstol, haciendo amanecer más temprano. ¡Ya llega para ustedes, que ven el ojo en la paja ajena y no la propia en Vigo!

Ya llega el día en el que pondrás las barbas a remojar en el agua que dejas correr y no beberás, y tomarás el cuchillo de palo de casa del ahorcado y cortarás tu barba, y guardarás tu póster de Fidel Castro y tu foto de Pepitito Marrone diciendo ¡Che, Guevara!, y sacarás tu tarjeta de crédito con la que pagarás los psicólogos y los sedantes que te permitirán vivir como un cerdo burgués y pensar que es lo que siempre ambicionaste.

Ya llega el día en el que todos aquellos que sembraron vientos, todos aquellos que le dieron de comer a los chanchos con margaritas, comprenderán que a un gil se lo pesca con un anzuelo sin carnada.

Y señalando a una anciana descompuesta - por la emoción o por algo que la había hecho sentirse descompuesta - el Apóstol concluyó su alocución diciendo:

Un médico a la derecha, por favor.

Fue tal el caos que se desató tras estas palabras que el Apóstol apenas tuvo tiempo para pedir que lo dejaran solo. Era tal el revuelo que se había desatado en torno a él que, mientras multitudes lo buscaban con palos y piedras, el Apóstol tuvo que disfrazarse de Diego Armando Maradona para salir del canal sin ser molestado.

Eso sí, en la esquina tuvo que firmarle un autógrafo a un vendedor de pochoclo.

 

SEGUNDA

PARTE

CAPÍTULO 7

(Donde el Apóstol recibe la visita de Lo Que Vendrá y de Su Destino Catódico)

 

Horas después, estaba el Apóstol dedicado a la tarea de comer nísperos. De pronto, sintió pasos que se acercaban. Bajó del árbol y saltó la tapia, creyendo que era el dueño de la casa, con tan mala suerte que se torció un pie al caer. Pero entonces oyó una voz que le dijo: "no temas, Apóstol, soy el futuro locuaz que te visita". Y entonces el Apóstol se levantó (no sin esfuerzo), caminó hacia la plaza más cercana y comenzó a anunciar el mañana irrevocable. Y dijo lo siguiente:

Vendrán falsos profetas de la Tierra de Ismael, y las multitudes los seguirán, pero esos profetas se perderán en la neblina, y clamarán por la ayuda de los sacerdotes de Mammon. Éstos erigirán un altar convertible al Baal de Chicago, Moloch, y las multitudes sacrificarán en él sus empleos para poder comprar una licuadora en cuotas. Y esos profetas y sacerdotes les harán construir un Cavallo de oro, y un puente de plata, y una nariz de platino, y una mano en la lata; mas el Señor los perderá a todos, haciéndoles vagar cuarenta años en el desierto.

Y dicho esto el Apóstol notó que la plaza estaba vacía, y que nadie lo había escuchado, pues eran las cuatro y cuarto de la madrugada de un jueves. Volvió el Apóstol al caño en el cual planeaba dormir, y allí se dio cuenta de que la profecía que había formulado le recordaba acontecimientos que ya habían sucedido. Y entonces fue que formuló el proverbio:

Cuidado cuando el futuro te visita para confiarte sus secretos: puede llegar tarde.

Y entonces recordó a varios renombrados oráculos, algunos de ellos sacerdotes de Moloch, que practicaban las artes de la adivinación y presumían de su frecuente comercio con el futuro. Pero el porvenir siempre hacía gala de su escasa puntualidad, y entonces les hacía denunciar a los falsos profetas de la Tierra de Ismael después de haber sido sus sacerdotes y de haber presidido sus sacrificios a Mammon.

"Futuro era el de antes", se dijo. En la mañana del día siguiente, el Apóstol estaba orinando vigorosamente contra una pared de un baldío, cubierta por pintadas a favor de la fórmula Balbín - De la Rúa, cuando se vio rodeado por varios desconocidos que voceaban su agrado por haberlo encontrado. Sin darle tiempo ni siquiera a derramar las últimas gotas de orina en paz, lo condujeron a un vehículo utilitario donde lo esperaban Déborah Dora, la conductora del trajecito sastre, y la impactante adolescente rubia de formas turgentes que conociera en la puerta de un local de una afamada casa de expendio de comida rápida, y que era la capitana de las porristas del programa. Déborah Dora estaba visiblemente conmovida por ver al Apóstol. Cuando dejó de bostezar, ella dijo:

- ¿Dónde te metiste, querido? Todos querían apalearte. Millones de personas quieren matarte. Hay quien dice que sos el Enemigo Público Número Uno. Armaste un escándalo increíble. ¡O sea, un éxito impresionante! Tuvimos, oí bien, cuarenta puntos de rating. ¿Entendiste? ¡Cuarenta puntos de rating! ¡Cuarenta puntos de rating!

Dicho esto, el Apóstol fue subido al vehículo utilitario y conducido a Un Conocido Hotel de la Zona de Retiro, donde se le ofreció firmar un contrato de exclusividad con el canal de TV de Palermo Chico. El Apóstol meditó profundamente las consecuencias que ello tendría, para la difusión de la Verdadera Fe. Meditó y meditó y meditó, y tras cuatro segundos de meditación, contestó que aceptaba la oferta.

Y tras decir esto, el Apóstol pidió que lo dejaran solo en su habitación por cuarenta días y cuarenta noches de bacanal, para templar su ánimo en la soledad de los placeres.

 

CAPÍTULO 8

(Donde el Apóstol se abisma en las tretas del Diablo para mejor combatirlo)

 

La impactante adolescente rubia de formas turgentes, a quien el Apóstol conociera en la puerta de un local de una afamada casa de expendio de comida rápida, se llamaba Magdalena, y fue encomendada por Déborah Dora al Apóstol para que la exorcizara ante las cámaras, y quitara de su cuerpo a un demonio que se había encarnado en ella, bajo la vil forma de una uña del pie izquierdo. El Apóstol logró sanarla, y la joven, en prueba de agradecimiento por la sanación y por el aumento de sueldo que le representaron los veintiocho puntos de rating obtenidos, acudió a compartir la cena con él.

Ambos discutieron largo rato acerca de las trampas del Maligno. La joven Magdalena, quizás por efecto del miserable demonio que se había encarnado en ella, conocía algunas tretas, y se propuso poner a prueba al Apóstol mostrándole dos tretas verdaderamente infernales.

El Apóstol consideró que satisfacer los deseos de la niña era inapropiado. "Un Apóstol de la Verdadera Fe no pone en acción Sus Poderes como si fuera un artista de circo, sino cuando lo requiere Su Lucha Contra la Impiedad", dijo. Pero se sintió tentado a hundirse en las tretas del Adversario y hacer el bien que se le reclamaba.

El Apóstol Catódico recordó las palabras del Califa Oscar de Wilde: "se puede resistir a todo, menos a la tentación". Cerró los ojos y se dijo: "¿cómo combatir las tretas del Diablo si no se las conoce, si uno no se abisma en ellas?". También recordó, aunque tal vez no tenía mucho que ver, o sí, que Mahoma había ascendido al Séptimo Cielo montado en la yegua Alburak. Y entonces el Apóstol decidió conocer esas tretas, y las conoció en Magdalena, y conoció a Magdalena.

Y entonces conoció su rubio largo cabello ensortijado, y sus ojos de águila guerrera, y su boca de labios ardientes, y conoció su lengua de miel.

Y entonces conoció sus senos henchidos de pasión, y sus rubíes pezones como lanzas, y su vientre de dulce crispación, y conoció sus muslos de gacela.

Y entonces conoció su culo inefable, y su pubis de delicias por detrás y por delante, y lo conoció parado y sentado y acostado, y lo conoció arriba y abajo.

Y entonces conoció sesenta y nueve veces los placeres del cumulus nimbus y de la felonía, conoció los goces y deberes del misionero y los goces y deberes de cabalgar como Hermes, y conoció la feliz extenuación.

Y conoció la blenorragia, que es el día de hoy que todavía le arde, será de Dios.

(Continuará)

(c) Pablo Martín Cerone
 

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