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BOTLAND

(Cuarta parte)

(vamos a la primera parte)

(vamos a la segunda parte)

(vamos a la tercera parte)

 

Por Gustav Weath

9




Los dos caza-bombarderos Mutar pilotados por el teniente Kajor y el capitán Lojuhi, se acercaron rápidamente hasta el centro de Atrius; los centros de alerta orbital los habían detectado pero no habían podido evitar que se infiltraran en la ciudad. Los poderosos motores de fusión de hidrógeno rugían mientras las naves de poco más de diez metros de largo volaban a unos quinientos metros de altura y se disponían a soltar sus 4 bombas de 200 kilogramos guiadas por láser contra El Departamento de Inteligencia de Atrius.
A los pocos segundos de haber sobrevolado la ciudad, el capitán Lojuhi posicionó su aeronave para arrojar su mortal cargamento.
Las 4 bombas PGM-95 de 200 Kgs atravesaron el aire en busca de su blanco, luego de unos segundos las potentes armas hicieron impacto; enseguida, una nube de polvo y llamas se alzó a más de doscientos metros de altura y un infierno se desató en la base. Los cuerpos de cientos de bots volaron por los aires y nubes de escombros se precipitaron al suelo. En ese momento, el transporte Epsilon aterrizó a varias decenas de metros de la base en llamas; veinte hombres armados hasta los dientes y los dos poderosos Gorilas se lanzaron hacia los escombros de la base, disparando a todos los bots que aun quedaban en pie.

Dentro del tétrico calabozo, Greyko Matted escuchó la enorme sacudida, el piso temblaba debajo de ella y gritos de alerta se escuchaban por todas partes. De pronto, varios soldados rebeldes derribaron la puerta de la celda y entraron bruscamente.
-¿Agente Matted? -preguntó uno de ellos-.
Greyko asintió con las últimas fuerzas que le quedaban y luego se desmayó. Los soldados cortaron las cadenas y se la llevaron cargada. Afuera, varios soldados montaban guardia y esperaban la llegada de los escuadrones bots de refuerzo que estaban por llegar. El grupo de hombres subió a Greyko al transporte Epsilon y se dispusieron a despegar.
A los pocos minutos del ataque, una jauría de estatocópteros de la Confederación se acercó al lugar. Flotaron sobre las ruinas de la base y escudriñaron todo el perímetro en busca de los culpables de la destrucción. Pero ya las naves rebeldes estaban camino a casa.

Antair Damorr llegó al imponente edificio circular del Consejo de Atrius, sus paredes de mármol y acero se extendían por varios cientos de metros y una pléyade de corredores subterráneos interconectaban todas sus dependencias y escondían los secretos mejor guardados de la Confederación.
En la enorme sala de conferencias, los Senadores venidos de los cinco continentes-ciudad, se preparaban para comenzar una reunión que cambiaría la historia de la humanidad. Antair había movido todas sus influencias para poder estar en aquella reunión; el cordón de seguridad que rodeaba las juntas del Consejo era casi inexpugnable y aquella vez era mucho más difícil entrar. La propuesta que daría a conocer el Senador de la ciudad de Iwolitar, haría temblar a todos los miembros.
Los cinco hombres más poderosos de toda la tierra se sentaron alrededor de la enorme mesa circular de mármol negro que yacía en medio de la sala de conferencias. Damorr se colocó de pie detrás del Senador de Atrius, siempre vigilado por los aguerridos Guardias de Honor.
El Senador Karim Solt, de la ciudad de Iwolitar, se levantó de su silla y se dirigió a los demás.
-Estimados miembros del Consejo, mi presencia ante ustedes el día de hoy se debe a que mis consejeros han elaborado un plan para acabar de una vez por todas con los Orbitales Rebeldes; tal vez les parezca radical, pero es la única forma de eliminar esa terrible plaga.
-Lo escuchamos atentamente Senador, adelante.
-Como todos ustedes sabrán, la ciudad de Iwolitar ha sido sacudida varias veces por las incursiones de los rebeldes, en el último ataque, tres batallones de nuestros bots de combate fueron eliminados y la sede del gobierno fue parcialmente destruida.
-Atrius también ha sido abatida por los ataques de los Orbs -dijo Ari Freduim, Senador de Atrius-, y nuestros esfuerzos han sido inútiles, por más que reforzamos nuestras defensas no hemos podido detener a las hordas rebeldes. Sus armas han mejorado notablemente, debido tal vez a los tratos que han llevado a cabo con los traficantes de armas y con la Cofradía de los Altos Templarios.
-Senador Freduim, la ciudad de Iwolitar ha realizado enormes esfuerzos para cortar el suministro de armamentos hacia los Orbs, hemos apresado a dos de los traficantes de armas más importantes de la ciudad y estamos tras la pista de otros tres. En cuanto a los Altos Templarios, no hemos tenido ningún conocimiento sobre su complicidad en estos actos terroristas, pero estamos alerta y esperamos tener informes sobre ellos muy pronto.
Antair Damorr se adelantó y alzó la voz.
-Senadores, esta discusión no nos llevará a ningún lado, yo opino que debemos escuchar la propuesta del Senador Karim Solt y actuar de inmediato; soy un hombre de acción y me cuesta mucho trabajo quedarme quieto mientras esa plaga se extiende por los confines de este planeta sin que nadie pueda detenerlos. No puede ser que un puñado de hombres orgánicos nos haya puesto en esta situación, según los últimos informes son poco más de cien mil personas y la flota rebelde no sobrepasa las cien naves.
El Senador Solt alzó la mano y tomó la palabra.
-Las tácticas de guerrilla que llevan acabo los Orbs, nos dejan sólo una salida: un ataque directo a sus fuerzas. La ciudad de Iwolitar está dispuesta a liderar este ataque y a cooperar con todos sus recursos, en este momento tenemos veinte batallones de bots de combate listos para entrar en acción.
-Estimados señores, creo que debemos discutir alguna otra salida para este conflicto, no tenemos idea de dónde se encuentra la base rebelde.
-Senador Freduim tranquilícese -dijo Solt-, mi plan va más allá. Debemos darles un señuelo, para que organicen una operación a gran escala y destruirlos en nuestro territorio. Esperaremos a que ellos se acerquen y luego los acabaremos a todos.
Todos los Senadores presentes prestaron atención a lo que Solt tenía que decir.

En la base rebelde, Mult Verine estaba de pie frente a una gran ventana de vidrio que dejaba ver la sala de operaciones del departamento médico. En una gran cama blanca, el cuerpo destruido de Greyko Matted yacía inmóvil. Varios monitores mostraban la evolución de sus signos vitales y un grupo de ingenieros médicos hacía lo posible por volver a restablecer sus funciones básicas. Primero debían estabilizar el cerebro de Greyko, para ello utilizaban un sistema llamado EOC, que mantenía con vida al cerebro y producía células cerebrales que serían implantadas en pasos posteriores. El cuerpo cibernético de Greyko no era problema, sólo había que reconstruir las partes dañadas y cambiar la interfaz conectora.
Verine estaba más tranquilo, Greyko ya estaba en las manos de los expertos. Sabía que era un trabajo de Joran Kio y esperaba que este hubiese muerto en el ataque.
Mult sabía que la Confederación no se quedaría de brazos cruzados después de ese vital ataque a la capital terrestre. Debían estar preparados para cualquier movimiento por parte de las fuerzas confederadas. El sabía que si las cinco ciudades-continente se unían, las fuerzas rebeldes no tendrían oportunidad; por eso, debía organizar una ofensiva a gran escala para acabar con las fuerzas de élite de la Confederación. Según los últimos informes del departamento de inteligencia, la mayoría de las fuerzas armadas confederadas estaban acantonadas en la ciudad-continente de Iwolitar, bajo el mando del Comandante Axil Shoeth. Para inutilizar gran parte de estas fuerzas, los rebeldes necesitarían un ejército de varios miles de hombres...y él estaría al mando de ese ejército.
A los pocos minutos el coronel Mult Verine, el capitán Kal Miso y el comandante Shek Nette, se reunían en la sala de juntas del bloque A-22.
-Como todos sabemos -comenzó Verine-, si queremos sobrevivir a esta guerra debemos asestar un golpe definitivo a las fuerzas confederadas, los hombres están listos para dar su vida por la causa y nuestros almacenes se encuentran al tope en suministros.
-Coronel -dijo Shek Nette-, como ya sabrá, las fuerzas de la Confederación son cien veces más numerosas que las nuestra, su poder es descomunal y realizar un ataque directo contra ellas sería un suicidio. ¿Cuál es tu plan Mult?.
-Señor, estoy dispuesto a entrar en la ciudad de Iwolitar y arrasar a las fuerzas confederadas. Necesito un equipo capaz de infiltrarse en la noche y llegar hasta el corazón de la ciudad, una vez allí, colocaríamos una bomba de neutrones de cien megatones y escaparíamos. El único inconveniente está en que el ejército confederado no permitirá que nos acerquemos, para eso habrá que realizar un ataque directo a las fuerzas que custodian la ciudad, así cubriremos al equipo infiltrado. Será una operación que realizaremos en menos de diez minutos.
-Coronel, es un riesgo enorme. ¿Cuántos hombres necesitaría para este ataque?.
-Calculo que el equipo de infiltración puede estar formado por unos diez o quince hombres. En cuanto al ataque directo, estaríamos hablando de mil soldados, además de cuarenta naves de combate y cincuenta vehículos blindados.
-Muy bien Mult, sabes que confío en tus habilidades; tomemos cuarenta y ocho horas para planear la incursión y sigamos adelante.
El rostro de Mult se iluminó y su mandíbula se tensó. Por fin acabarían con aquellos asesinos.



10



Antair Damorr había salido de la reunión del Consejo de Atrius, mientras la Confederación discutía la mejor forma de preparar la ofensiva, él prepararía una trampa para los rebeldes. Utilizaría el pequeño ejército privado que le compró a Hom Pulsar y convertiría a los Orbs en basura.
Damorr planeaba hacer correr información falsa entre los espías rebeldes, había contratado varios vehículos de transporte y esperaba que los Orbs los atacaran, entonces él daría el golpe.
Es esos momentos Wot Jytar Amudh, oficial bot de inteligencia de los Orbs, caminaba por el centro de la enorme ciudad de Atrius. Observó a Antair Damorr, que se acercaba a una de las pasarelas de transporte para cruzar la inmensa avenida de Zaor Road, y apresuró el paso para alcanzarlo. Amudh desenfundó su pesada pistola Magba de 15mm, cargada con proyectiles térmicos de alto poder, y se colocó cerca de la espalda de Antair. Se escucharon varias explosiones, el aire se llenó de destellos de fuego y la cabeza de Antair estalló en pedazos; varios proyectiles perforaron su espalda e hicieron saltar fragmentos de la coraza externa. El cuerpo de Antair cayó al suelo envuelto en un estruendo metálico.
Amudh enfundó su arma y corrió, atravesando la avenida, saltando los vehículos magnéticos que frenaban al percatarse de aquella figura. Luego se confundió con todos los demás bots de la ciudad y desapareció tan rápidamente como había venido. Su tarea estaba cumplida.

La noticia se corrió por todo el planeta: más de cien naves Orbs habían aterrizado cerca de la ciudad de Iwolitar y la estaban atacando. Varias oleadas de caza-bombarderos orbitales habían arrojado su cargamento de bombas sobre la ciudad, los vehículos blindados batallaban en las calles y los soldados abrían fuego contra todo lo que se movía. La mitad del ejército de la ciudad fue reducido a cenizas y el equipo de infiltración plantó la bomba de neutrones con éxito.

Mult Verine se disponía a despegar en uno de los transportes Epsilon, cuando el marcador de la poderosa bomba llegó al 00:00. Una enorme explosión nuclear hizo temblar al planeta. La bomba de cien megatones alcanzó la piscina generadora de energía en las entrañas de la ciudad de Iwolitar. La reacción en cadena desintegró todas las ciudades-continente en cuestión de segundos. Lo último que vieron todos los habitantes (bots y orgánicos) de la tierra, fue una cegadora luz que les quemó los ojos. Todo el planeta explotó y una nube de meteoros recorrió el sistema solar, chocando contra los restantes planetas. El cinturón de asteroides se convirtió en una gigantesca tormenta de piedra, barriendo todo a su paso durante decenas de años. La gélida superficie de Plutón se fragmentó en millones de pedazos y la onda explosiva recorrió el infinito.

A varios millones de kilómetros del sol, el ultimo vestigio de la raza humana, una pequeña y antigua nave llamada Viajero II, se adentra más y más en las profundidades del espacio, llevando consigo un mensaje de armonía y... paz.




Fin

(c) Gustav Weath,  1999.
 
 

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