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EL DESEO DE SOFÍA
por Carolina Sacco
Ella pudo escuchar el sonido de su respiración. Su frente ardía como llamas
de una inmensa hoguera. Estaba tendida en la cama con las manos sobre el pecho
y estaba muriendo.
Suspiró. No podía articular palabra alguna, o no quería.
No guardaba rencores. No había sufrido desengaños, engaños o amores no correspondidos.
No moría de tristeza, ni angustia o soledad, ni siquiera de felicidad. Sólo
moría.
"No mueras sola, sino ¿quien cerrará tus ojos?"
Volvió a suspirar.
El vampiro la miró desde el otro extremo del cuarto. Ella seguía sin moverse.
- ¿Por qué no te defendiste? ¿Por qué no te resististe?
Suspiró denuevo.
El vampiro se acercó a ella y la tomó de las mejillas.
- ¿Acaso quieres que comparta mi don contigo?
Ella no podía contestar, o no quería.
- Sofía. . . ¿No comprendes lo terrible que es ser como yo? ¿Ser eterno? Debes
vivir entre otros inmortales y amar sólo a estos no muertos, insípidos e invariables;
o condenarte a querer a seres efímeros, que se marchitan y mueren entre tus
dedos en un abrir y cerrar de ojos.
Los labios de Sofía se estiraron levemente hacia los costados.
- ¿Por qué sonríes? ¿Qué es lo gracioso o alegre para que lo hagas?
Ella le sostenía la mirada con firmeza.
- ¿No te das cuenta que soy la muerte? ¿que estoy aquí para apagarte la vida?
Sofía suspiró. Él no había bebido demasiado, pero las heridas de su cuello estaban
abiertas.
- Si quieres, puedo volverte una eterna joven de porcelana fría, mi joven. Y
así, nunca tendrías que morir, y no estarías sola nunca más.
Sofía no podía responder. Estaba cubierta de sudor, su corazón latía lentamente.
Estaba muriendo.
- ¿Cómo? ¿Qué es lo que cuestionan tus ojos? ¿Quién los cerrará? ¿Acaso no tienes
quien te encuentre por la mañana?
Nada.
- ¿Y en una semana?
No obtuvo respuesta.
Tomó sus manos y las miró detenidamente.
- Ahora que navego por los océanos de tu memoria y veo los puertos vacíos de
recuerdos, te comprendo. En tu lugar, yo tampoco dudaría la respuesta a mi ofrecimiento.
Y tu pedido es sensato.
El vampiro se acercó y apartándole el cabello del rostro, la besó tiernamente.
Lo último que Sofía sintió fueron unos dedos fríos sobre los párpados y un susurro
que le decía: "No temas dulce Sofía, estoy aquí, contigo. Tienes todo lo que
querías y más. Sé feliz."
(c) Carolina Sacco
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