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Esta reseña fue publicada en Abril de 1997, en el número 28 de la revista Cuasar, (República Argentina). Trata sobre la "Trilogía del Sabueso y el Halcón", de Judith Tarr .
JUDITH TARR: ELFOS, MONJES Y CABALLEROS
Un autor de literatura fantástica puede imaginarse un universo con reglas propias,
completamente alejado del mundo en que vivimos, a la manera de los cuentos "oní«ricos"
de Lord Dunsany o,en cambio, insertar los elementos fantásticos en un marco
histórico determinado, tal como lo hace Judith Tarr en su "Trilogía del Sabueso
y el Halcón".
En su primer volumen "LA ISLA DE CRISTAL", nos encontramos en Anglia. (Inglaterra,por
si falta aclararlo),a fines del siglo XII,con Ricardo Corazon de Leon sentado
en el trono y un monje llamado Alfred recluido por propia voluntad en la vieja
abadía de San Ruan. Alfred, Alf para los conocidos, es el protagonista de la
saga. Tiene más de setenta años, pero aparenta dieciocho. La razón: es un elfo,
encontrado de bebé a las puertas de la abadía y criado por los monjes.
Llegado a este punto, conviene detenerse en el universo que la autora imagina
como el necesario escenario donde se mueven los personajes a lo largo de los
tres volúmenes. En este mundo coexiste con los humanos una raza llamada el Pueblo
Rubio o Pueblo Elfico. Viven mayoritariamente en el Reino de Rhiyana, situado
en los confines de Francia, cerca de Anjou. Su monarca es un elfo de nombre
Gwydion. Los elfos son seres de extraordinaria belleza, poseen poderes "mágicos",
no envejecen y solo pueden morir por causas violentas. Fuera del mundo de los
humanos, estos seres tienen el suyo, llamado Brocelianda. Para la Religión (Católica,
Ortodoxa o el Islam) se trata de criaturas sin alma, hechiceros, encantadores
o pura y simplemente demonios. Los elfos son queridos por algunos humanos, tolerados
por otros y temidos y detestados por muchos a causa de su perfecci6n y del misterio
que los rodea.
En este marco, Alf de San Ruan, de profesión monje, eminente teólogo y maestro
va a ser obligado por las circunstancias a salir de su abadía, usar sus poderes
Elficos y, de paso, dejar de lado su voto de castidad.
Contará, en toda la saga, con un gran amigo, el humano Jean de Sevigny, una
contrafigura femenina de naturaleza elfica, la inquietante, bella y cambiante
Thea y un surtido de personajes secundarios, amigos o enemigos, que irán apareciendo,
creciendo y eventualmente desapareciendo como conviene a toda buena historia
larga.
Ya en "LA ISLA DE CRISTAL" la autora se nos revela como una profunda conocedora
del oficio de escribir. Desde lo formal, no introduce ninguna innovación. Simplemente,
se propone contar una historia y lo va haciendo, demostrando un adecuado manejo
de los tiempos en que debe desenvolverse tanto lo dramático como lo descriptivo,
va soltando uno a uno los hilos de la historia sin perder en ningún momento
su control. La lectura es ágil y entretenida. El elemento fantástico está sabiamente
dosificado y dotado del correspondiente marco de verosimilitud como para que
el lector se vaya sumergiendo naturalmente en esa Europa Medieval, tan parecida
a la histórica y al mismo tiempo tan distinta.
Alf es una creación interesante. Elfo criado por monjes, fue formado en el rechazo
hacia su propia especie. Por un lado, es un teólogo célebre que, siguiendo el
Dogma, cree que sólo los humanos poseen alma y, por ende, posibilidad de Redención.
Por el otro es un elfo, una criatura dotada de enormes poderes que, la propia
Iglesia que lo crió; considera obra del Demonio. Durante sus siete décadas de
encierro, Alf mantuvo todo su poder y sus conflictos en casi completa represión.
Pero, cuando por orden del propio abad tiene que salir al mundo exterior para
cumplir una misión, el monje comenzará un largo viaje iniciatico donde conocerá
y aceptara todo su ser. El personaje experimenta así un crecimiento fabuloso
a lo largo de la trilogía. La autora cuida que esta evolución se vea como algo
natural, sin forzar el relato.
El segundo libro, "EL CUERNO DE ORO", transcurre en Constantinopla, en plena
Cuarta Cruzada. Hacia allí había huido Alf, atormentado por sus votos monásticos,
sus poderes élficos y su pasión por Thea. Aquí Judith Tarr se luce con la descripción
del marco histórico.
En el tercer volumen, "LOS GUARDIANES DE DIOS", Alf, convertido en un alto dignatario
del reino de Rhiyana se enfrentará a un elfo loco convertido en inquisidor por
la Iglesia Católica. Esta novela, ambientada en su mayor parte en la Roma Medieval,
es el que contiene mayor cantidad de elementos fantásticos y da un adecuado
cierre a la historia.
Si bien puede leerse cualquiera de las obras por separado, vale la pena leer
los tres volúmenes por su orden. Tarr logra una narración entretenida sin caer
en lo pasatista y consigue hacer creíble a su mundo alternativo donde conviven
cómodamente personajes históricos con otros de ficción.
En síntesis, una trilogía muy recomendable para los amantes del Fantasy con
ambientación histórica y por supuesto, no apta para los que so lo disfrutan
con la CF "dura".
TRILOGIA DEL SABUESO Y EL HALCON:LA ISLA DE CRISTAL (THE
ISLE OF GLASS, 1985) BARCELONA:PLAZA & JANES,1995, 423 P. (BIBLIOTECA DE AUTOR
277/1) TRADUCIDO POR ALBERT SOLE. EL CUERNO DE ORO (THE
GOLDEN HORN,1985) BARCELONA:PLAZA & JANES,1995, 410 P.(BIBLIOTECA DE AUTOR 277/2)
TRADUCIDO POR ALBERT SOLE. LOS GUARDIANES DE DIOS (THE
HOUNDS OF GOD,1986) BAECELONA: PLAZA & JANES, 1995,495 P. (BIBLIOTECA DE AUTOR
277/3) TRADUCIDO POR ALBERT SOLE.
(c) Jorge Oscar Rossi, 1997.
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