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HIERBA COSMICA
Por Jorge Enrique Peredo
Muchas marcas deja la vida en su perpetuo latigazo, cicatrices que la juventud
idiota ruega en el néctar de una pasión demasiado fuerte, incontrolable. Historias
de terror lacrimal y erótico que ponen al individuo al borde del abismo, tal
fue el caso de Weed.
Weed era un tipo extraño, lleno de facetas encontradas. Era un estúpido de la
misma manera que podía ser un genio, era bonachón a la vez que se sentía un
hijo de la oscuridad, además le gustaba la hierba cósmica.
Era alto, desgarbado, con expresión serena la mayoría de las veces, una sonrisa
de payaso en las raras ocasiones que se sentía feliz. No era feo pero eso no
le importaba porque por dentro se sentía como un monstruo. Una vez vio su yo
interior en el espejo, vio una bestia.
Vivía en una ciudad oscura, una pequeña ciudad del crepúsculo dónde las tribus
urbanas de malchicos plagaban los claros de luna en una perpetua guerra.
Él formaba parte de la hermandad del Ciclo Eterno, un grupo de jóvenes que usaban
prendas negras en toda ocasión, le rendían culto a la muerte y a todo lo bello
que se mueve por las noches.
Weed estaba en su cuarto, mirando por la ventana como el cielo se pintaba de
púrpura pincelada tras pincelada, esperando que el sol se recostara en su lecho
de cenizas para salir y encontrarse con sus amigos, recorrer las calles bañadas
de luna. El momento llegó, saltó de su cama, se puso su capa y tomó su espada.
En el camino a la puerta se encontró a sus padres bebiendo café y fumando.
Las dos figuras de rostros ojerosos y demacrados ni siquiera parecieron notarlo,
pero si lo hicieron.
-Cuídate hijo- Dijo la madre con voz pastosa entre nubes de humo gris-No hagas
nada malo.
-Ja- Pareció reírse el padre. No dijo nada más, el silencio quedo suspendido
en el aire durante largos instantes.
-No se preocupen.- Contestó Weed con su difusa voz, acto seguido se retiró con
su acostumbrado caminar de robot.
Los miembros de la hermandad lo esperaban en el sitio de reunión, un enorme
cactus seco en medio de un paraje desértico.
-¿Que haremos esta noche? - Quiso saber él.
-Iremos a un Rave.- Contestó uno de ellos, el hermano Is. - el más grande que
jamás se ha visto en nuestra ciudad oscura. Donde todos los vicios tendrán cabida,
pero debemos tener cuidado por que allí estarán los Anarchs y las demás tribus.
- Los Anarchs eran enemigos acérrimos de la hermandad, amaban la anarquía y
el caos, destruyendo cualquier cosa que encontraban a su paso, sembrando fuego
a diestra y siniestra por toda la ciudad de La Paz.
-Hecho está.-Todos.
-Entonces es momento de irnos.
Los 15 miebros subieron y se acomodaron como pudieron en un viejo auto, una
Blazer del 75. El vehículo arrancó con un sonido atronador y fue como una plaga
en los caminos terregosos de la ciudad de La Paz.
Tras unos minutos llegaron a su destino: el aeropuerto abandonado. Los aviones
destruidos yacían por todo el campo como los cadáveres eviscerados de grandes
reptiles. Los grupos de gente se movían con cadencia como enjambres oscuros,
apenas discernibles por la luz de las hogueras que salpicaban la zona. Enormes
altavoces escupían música electrónica, haciendo temblar los cimientos de la
tierra.
Weed se escabulló entre la multitud en busca de algo de droga, la cuál corría
como lluvia acida. No tardó en encontrarla y menos tardó en lograr que su mente
diera vueltas bajo los influjos del alcohol y la hierba cósmica.
De pronto el eco omnipotente de la música empezó a desaparecer de sus oídos
y los pocos colores que veía fueron tragados por remolinos de luz. Al momento
siguiente ya no estaba en el rave. Se encontraba de pie en el interior de una
casa de paredes blancas con mucha luz. Una dulce melodía de piano besaba sus
sentidos, esta era producida por una joven de cabello rojo. Ella parecía no
verlo, pero él si lo hacía. No pudo dejar de verla un solo instante, la gracia
con la que producía la música, la gracia con la que parecía ignorarlo. Era como
si estuviera en el interior de una poesía. Con un gran dolor se preguntó así
mismo si alguna vez las cosa habían sido tan bellas. Algo dentro de él le dijo
que sí, que eso había ocurrido en otro lugar, en otro momento, en tiempos mejores
en todo aspecto.
En el interior de la visión el no era dueño de sus movimientos, era como si
formara parte de una película, de una historia donde el simplemente interpretaba
un personaje. De esta manera las fuerzas misteriosas que se movían a su alrededor
hiceran que ella se pusiera de pie y lo mirara fijamente. Poco después ella
se puso de pie, sus caras estaban cerca, muy cerca.Se besaron con pasión. Los
pensamientos de Weed perdieron sentido, convirtiéndose en una maraña sin pies
ni cabeza. Todo lo que había conocido se diluyó en ese acto. Su vida había sido
negra, ahora era brillante. Sus manos jaladas por los hilos de un tititritro
invisible se posaron en el cuerpo de la chica explorando cada sitio, palpando
el calor de su cuerpo, deslizándose ansiosas por debajo de sus ropas, los besos
no paraban. Le quitó la blusa, le bajó los pantalones y conoció el sabor de
una mujer. Él amaba a esa quimera con toda su alma.
Repentinamente parpadeó y salió de allí, de la misma forma que entro.
Estaba en uno de los aviones abandonados, había velas a su alrededor y una mujer
lo abrazaba con fuerza, su cabello era rojo, sus ojos eran iguales a los que
lo escrutaron en su delirio. El corazón le dio un vuelco. Que estaba pasando?
Las mujeres para él solo eran fantasías, musas imposibles de alcanzar en su
belleza. Weed pensaba en esto, cuándo escucho una serie de pasos dentro de la
estructura, se despegó de ella aterrado viendo como un grupo de Anarchs se aproximaban
a él con actitud amenazadora, ella sólo río. Buscó desesperado su espada pero
no la encontró así que tomó una botella del suelo y se la estrelló en la cara
al primero que se acercó, vio nítidamente como la carne se abría en estrías
rojas llenas de esquirlas de cristal. El enemigo calló cuán ancho era pero los
demás seguían de pie completamente indemnes.
Weed buscó con la mirada algo que pudiera utilizar como arma, lo único que encontró
fue un cigarro de hierba cósmica, lo tomó rápidamente y le dio una fumada que
creó una cortina de denso humo a través de la cual no se podía vislumbrar nada,
así que aprovechó y se escabulló corriendo por lo tanto no pudo ver como todos
en el interior eran devorados por la niebla que había generado.
Afuera todo era un caos, una pelea brutal se había desatado. Se escuchaban disparos,
gritos y el quebrar de los huesos.Cuál era el sentido de todo eso? Quiso saber
Weed.
Por que estaba vivo? De que servía la existencia si nunca fue amado y cuándo
creyó encontrar algo importante descubrió que todo era un juego?
Ni siquiera podía caminar bien, prácticamente se arrastraba a través del campo
de batalla, haciendo caso omiso de los golpes que le daban o de las balas que
estallaban a su alrededor. En ese estado se hallaba cuándo logró ver el vehículo
de sus hermanos que se alejaba rudamente y como este explotaba cubriéndose de
rojas llamas , también pudo escuchar los aullidos de dolor. Se río quedamente.
Finalmente encontró un escondrijo el cuál lo llevaría a un mundo mejor.
-Música de piano, besos, belleza, amor.- Murmuraba.
Preparó un cigarro de hierba cósmica.
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