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EL HOMBRE QUE MATÓ A SU PERRO
Por Fernando
Sánchez
Estaba ya cansado de su perro. Su
viejo perro de hace años. Era lejano el tiempo en que ese perro fue joven
y feliz. Sí, un perro feliz. Corría por el patio, pegaba saltos,
parecía que velaba cuando subía a sillas, a sillones, a cualquier
parte...siempre con sus grandes saltos...sus correrías. Con el tiempo
su hocico se puso blanco. Ya no velaba tanto...y su mirada por momentos se volvía
triste. Pero siempre conservó su cualidad de hacer pis en toda la cocina,
a veces hasta de vaciar sus intestinos, y últimamente - el colmo - roncar.
Sí, el maldito perro roncaba. Roncaba y no lo dejaba dormir, puesto que
durante los últimos tiempos dormían en la misma habitación...
Un día el hombre estaba especialmente nervioso.
La situación de su ciudad lo desesperaba. No veía esperanzas por
ninguna parte. Ni siquiera en un nuevo gobierno. Tenía esperanzas chiquitas
que lo desesperaban, en todo caso. Por ejemplo, pensar que un nuevo gobierno
solo podía robar un poco menos, y repartir un poco más. Como el
colmo de una utopía pobre. Pero siempre robarían...Rodeados
de represores y ladrones por todas partes...Así que no esperaba demasiado
de nada...
Un día, sus nervios estaban para el diablo. Le
dió una patada a su perro. Y se fue a dormir maldiciendo a la humanidad
entera. Y sucedió lo peor...No solo el maldito no lo dejo dormir en toda
la noche con sus ronquidos, sino que meó en una parte de la cocina, y
también dejó dos terribles frutos de su vientre.
No lo soportó más...Lo llamó a los
gritos, tomó un fierro en sus manos, y golpeó. No paró
de golpear hasta tener los sesos del pobre animal entre sus dedos y sus manos,
en medio de un enchastre de sangre...
Pasó el tiempo...el hombre murió solo y
enfermo. Sino pudo convivir con su perro, menos pudo hacerlo con una mujer.
Murió solo, completamente solo...
Sucedió otro tiempo, y otra
vida, en otra parte. El hombre que había matado a su perro, se encontró
siendo perro, y su perro siendo hombre. El hombre que mató a su perro
era ahora el perro del que había sido su perro y ahora era hombre.
Por un extraño error de los destinos en el universo,
el hombre que ahora era perro sabía, soñaba, con lo que había
pasado...Soñaba, siendo perro, que había sido hombre y había
matado a ese perro que ahora era hombre. Tenía entonces terribles ataques
de culpa, porque el que había sido su perro y ahora era hombre, ahora
lo trataba bien.
Hubiera esperado que se vengara, que lo pateara, que le
rompiera la cabeza hasta sacarle los sesos como había hecho él.
Pero no, el hombre que había sido su perro lo trataba bien. Le dió
todas las vacunas y lo sacaba a pasear, cosa que él nunca había
hecho. A veces hasta le hablaba, y decía entre sus amigos que su perro
tenía la mirada más humana que demasiados humanoides que conocía.
Hasta parecía más inteligente y más sabio, sobre todo porque
no necesitaba de las palabras...Y sobre todo, seguramente nunca haría
un campo de concentración, ni torturaría a otros perros, ni sería
cómplice de eso o se haría el olvidadizo, o no le importaría,
como a demasiados humanoides...Y más todavía, seguro que su perro
no robaba, ni mentía, ni vaciaba estados, ni financiaba dictaduras, etc...Por
lo tanto, decía el hombre que había sido su perro en otra vida,
él respetaba más a su perro que a mucha gente...
El perro que había sido un hombre que mató
a su perro, no podía soportar sus recuerdos de la otra vida...Soñaba
como total pesadilla aquel día en que tuvo los sesos de su perro en sus
manos...La sensación era de absoluto espanto...Se despertaba casi dando
pequeños alaridos...
Un día no lo soportó más, y el perro
que había sido hombre se suicidó tirándose debajo de un
auto ante un descuido del hombre que había sido su perro. Este nunca
lo supo, siempre pensó que había sido un accidente...
Pasaron los siglos, se sucedieron
otras vidas, misterios varios en medio de todo, y viajes por el universo de
almas errabundas buscando otras vidas...
Llegaron otros siglos con una civilización avanzada...y
otra vez se encontraron el hombre y su perro. El hombre que había matado
a su perro era otra vez hombre, y el perro que había sido hombre y lo
trató tan bien, volvía a ser perro. Y era su perro otra vez...
Otra vez sucedieron errores en los misterios de los destinos,
porque ambos soñaban lo que habían sido, y de alguna forma misteriosa
y poco consciente, los dos sabían que ya se conocieron, los dos soñaban
a veces cuando fueron perro y cuando fueron hombre y lo que había pasado
en vidas anteriores...
El hombre que había matado a su perro decidió
arreglar ese error. Y ahora trataba bien a su perro, como su perro lo trató
a él, cuando fue hombre...
Ahora el gran desastre era la civilización...Se
jactaba de ser el logro de los mayores progresos, pero al hombre le parecía
infernal...Decían que habían vencido a la muerte, y pudieron elegir
vidas perfectas. Cada diez años, todos los habitantes debían ir
a laboratorios donde reparaban todos los órganos del cuerpo, a partir
de las células que reproducían, y así nunca nadie envejecía,
todos eran eternos. El hombre pensaba que era una Eternidad sospechable...y
miserable en gran parte. Lo supo el día en que no le dejaron ver un documental
sobre un grupo de los antiguos, un grupo llamado Pink Floyd...
Un día pasaron un documental sobre ese viejo grupo
prohibido. Lo pasaron en la gran pantalla, y enseguida lo cortaron. Dijeron
que era "subversial", "marginancial" y de tendencias disolventes...sobre
todo cuando ese grupo mostraba una vieja pelicula donde unos niños destruían
una escuela, mientras se cantaba:
"No necesitamos educación, no necesitamos
que nos controlen el pensamiento..."
La gran pantalla siempre estaba publicitando la importancia
de la educación. Hablaban de la libertad, de la belleza, de la armonía...pero
el hombre sospechaba cada vez más que debajo de todo no había
más que ocultamiento, fingimiento, y en gran parte una estética
espantosa que escondía lo horrible y la podredumbre. Una peste uniformadora
que todo lo corrompía y lo infectaba de a poco. El hombre empezó
a sospechar eso cuando notó que todo era igual, como si solo hubiera
un único pensamiento, y el que no lo siguiera podía terminar como
los..."subvercionales" o los "marginanciales". El hombre empezó a cuestionarse
todo...empezó a ir a viejos edificios a los que nadie iba, a consultar
libros apenas conservados en grandes computadoras. Descubrió palabras
de los antiguos, como "subversión" o "marginación", o como "pensamiento
único"...Ya desde los antiguos por lo visto pasaba algo parecido...Y
ya había gran parte de la humanidad lejos de los paraísos que
pintaban algunos, como sucedía ahora en las afueras de las ciudades lujosas,
que se llamaban el Imperio, ciudades abandonadas de otros siglos...
En el Imperio se decía que en las viejas ciudades
la población se negaba a ser restaurada, se negaba a ver siempre la gran
pantalla y hasta escribía poemas, hacía artes y circulaban libros,
que ya nadie leía...En el Imperio se decía que esa gente estaba
loca, y que se merecía morir de viejos y de enfermedad, por no haber
querido educarse y seguir las reglas.
El hombre, consultando los libros computarizados, descubrió
que para los antiguos no siempre la palabra Imperio tuvo un significado tan
glorioso como ahora lo querían mostrar.
Así el hombre, siempre junto a su perro, decidió
que debía buscar otro tipo de vida...Y quizá debía irse
con los "marginanciales", como decía el Imperio...Toda esa gente que
se negaba a ser restaurada, a ser inmortal y controlada, a ver siempre la gran
pantalla y en lo posible no cuestionar nada...
Un día en que leía un viejo texto en su
computadora, copiado de la abandonada biblioteca de los antiguos, recibió
una extraña llamada que lo hizo decidirse. En el mensajero directo de
la gran pantalla, se dirigieron especialmente a él, como para que quedara
denunciado entre toda la población. Preguntaban porque no había
ido a ser restaurado, y porque, según sus mediciones, su pantalla permanecía
casi todo el día apagada...y, lo peor, lo acusaban de estar viendo bibliotecas
de los antiguos, y de tener un pensamiento propio. Eso era gravisimo para
el Imperio. Luego lo conminaban a ir a los laboratorios a restaurarse, donde
le harían además un estudio para revisar su cerebro para nunca
más tener la peregrina y demente idea de tener un pensamiento propio.
El hombre tomó a su perro, que se estaba volviendo
viejo junto con él, y se fue de la gran ciudad perfecta. Una noche, disfrazado
y en su volátil auto, salió hacía las viejas ciudades...donde
estaban los "marginanciales" y los "subvercionales".
Se sorprendió cuando los vio...eran una multitud.
Muchos más que los habitantes privilegiados del Imperio. Ahí estaban...no
tenían la gran pantalla, o la veían poco y nada y a veces riéndose
de ella. Tocaban instrumentos, hacían música, había gente
de otros colores y gente de sexos extraños que a veces eran perseguidos
en el Imperio, mujeres que eran como hombres, hombres que eran como mujeres,
gente variada de toda clase, otros que se decían pintores, artistas,
revolucionarios, gente vieja, gente enferma y gente sola. Gente que se indignaba,
que se reía a carcajadas y variada gente más que no tenía
esa mirada opaca que a veces tenían en el Imperio de tanto mirar pantallas...
Esa gente le pareció más feliz, más
humana. Por lo menos, no escondían sus estéticas de la podredumbre,
disfrazándola de armonía y de felicidad. Si se sentían
desgraciados, lo eran sin tener miedo de que los llevaran a los grandes laboratorios
a cambiarles el cerebro con sus grandes aparatos. Y sobre todo, lo que a él
más le gustaba...esa humanidad no se pintaba como perfecta. Y eso lo
agradecía...los perfectos del Imperio parecían una serie de robots
salidos de una fabrica de computadoras, cosa que a él no le recordaba
un paraíso, sino a los sitios más infernales del mismo Infierno...
Un día, el hombre que había
matado a su perro, vio morir a su perro de viejo. Lo enterró el mismo
con todos los honores. Y luego se fue a esperar su muerte...escribiendo poesía.
Era feliz con sus poemas, pero a veces también desgraciado...
No pensaba en matarse, pero la idea de morirse no le parecía
mal. Al contrario. Esperaba encontrar alguna vez una humanidad que no disfrace
sus infiernos en perfecciones, y que no aparte lejos a toda la gente que no
era como quien sabe que extraño ser imponía al resto...
El hombre que había matado a su perro, sospechaba
que en realidad nadie sabía nada de nada, que todo era un velo detrás
de otros velos, y que detrás del ultimo velo no había más
que caos...como había leído en un libro de los antiguos.
Un día el hombre que mató a su perro murió...murió,
y entre los misterios del universo, entre las almas errabundas buscando otras
vidas, volvió a encontrarse con el que había sido su perro, luego
su amo y luego perro otra vez. Ahí estaba esa alma...y los dos ya no
eran más que dos almas en el espacio infinito, que dialogaban de igual
a igual, y viajaban en el espacio infinito y en la eternidad, buscando otras
vidas que realmente sean dignas de ser vividas...esas vidas, que es evidente,
no les tocó vivir en sus vidas anteriores...
(Dedicado a mi perro Moisés, al que a veces
tuve ganas de asesinar, por los mismos motivos que el hombre que mató
a su perro)
(c) Fernando Sánchez,
Jueves 3 de setiembre de 1998.
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