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SENDERO DE SANGRE

Por Quino-Wan

(Volvamos a la primera parte del Capitulo 2 )


EPISODIO 1: LA GUERRA DEL GRIAL
Capitulo 2: Stern el vampiro (Continuación)


VI

STERN BATTLER DESPERTÓ MEDIO SEGUNDO después de que el sol acabara de ocultarse bajo las montañas. Desde el primer momento supo que algo terrible había ocurrido.
- ¡MISHA!.-Gritó mientras destruía la trampilla de piedra como si estuviera echa de papel. Se dirigió a una velocidad inhumana hacia el centro del pueblo, atravesando cualquier cosa que se interpusiera en su camino.
Unos minutos antes de despertar había escuchado claramente la voz de Misha.
< Adiós Stern, se fuerte. >
Ojalá no llegara demasiado tarde.


VII

EL CUERPO SIN VIDA DE la joven estaba atado a un palo. La madera apiñada debajo de él comenzaba a arder. El vampiro atravesó a la muchedumbre reunida en torno a la pira y descolgó el cuerpo destrozado.
- Oh, no Misha. No, por favor.
Tumbó el cuerpo con delicadeza en el suelo. Había oído historias de mortales que fueron convertidos en vampiros poco después de morir. Habían pasado quince minutos pero quizá aun quedara esperanza. Stern desgarró su muñeca de un mordisco, abrió la boca de Misha y dejó que la sangre entrara por ella.
Los habitantes del pueblo de Meinji miraban confusos la escena, mientras murmuraban entre ellos.
- Por favor, cariño. Despierta. Vive. Por favor. Por favor.
Pero no ocurrió nada, el cuerpo seguía sin moverse. La joven estaba mas allá de toda salvación. Stern la abrazó, por sus ojos fluía mas sangre que por su muñeca desgarrada.
Pasaron cinco minutos, la hoguera y las antorchas comenzaban a iluminar cada vez más a medida que el resplandor del sol desaparecía.
Stern levantó el cuerpo y lo puso sobre un carromato de paja, que había sido traído para encender la hoguera. La multitud lo rodeó, blandiendo sus antorchas.
- Es el diablo, el diablo ha venido a liberar a la bruja.
< ¿Bruja?. >
- Hay que quemar al diablo, hay que quemarlo o nos llevará a todos al infierno.
< Oh, Misha. >
- Dios está con nosotros, vamos a quemar al diablo.
< Enseguida vuelvo, cariño. >
Stern se encaró con la muchedumbre que estaba empezando a avanzar hacia él, a muchos de ellos los conocía.
- ¿Qué habéis hecho?, me habéis quitado a la única persona que llegó a amarme. Habéis matado a una inocente de una forma terrible. ¿Qué habéis hecho?. Romanov, trabajaba en tu posada desde los ocho años. Petrovich, la conocías desde que nació. ¿Qué habéis hecho?.
- ¡Hemos matado a una bruja que fornicaba con el diablo y tu Lucifer, eres el siguiente, vamos a matarte!.-Gritó Romanov. La muchedumbre siguió avanzando, pero se detuvo de inmediato. Los ojos del vampiro empezaban a brillar con un fulgor rojo. Un fulgor que no venía de la luz de las antorchas.
- ¿¡Queréis muerte!?, no permitiré que volváis a acercaros a Misha. ¿¡QUEREIS
MUERTE!?. Bien, ¡tendréis muerte, muerte y condenación para todos vosotros, mal nacidos!. La Muerte ha llegado a Meinji, ¡recibidla con los brazos abiertos!.
Stern se arrojó a la muchedumbre, desgarrando gargantas y atravesando pechos con las manos desnudas. Al principio los lugareños trataban de quemarle con las antorchas, pero para el vampiro se movían a cámara lenta. La gente empezó a correr gritando de un lado para otro. Pero el vampiro no pensaba parar, solo dos palabras resonaban en su cerebro: muerte y venganza. No pensaba parar hasta que el ultimo habitante de Meinji hubiera muerto. Hombres, mujeres, niños. Eso le daba igual. No podían escapar, no podían correr. La Muerte había llegado a Meinji y nadie podía escapar de su helado abrazo.
El hombre de negro observaba desde el pilar de agua bendita todo el espectáculo, era grandioso. Se sacó el miembro viril en erección y empezó a masturbarse, al poco tiempo, el semen salpicó la pila y la imagen se desvaneció.
- ¡Oh, demonios!.-El hombre de negro se rió a carcajada limpia. Su infernal risa resonó en las paredes de piedra, aumentándola todavía más.

VIII

MÁS DE TRESCIENTOS CADÁVERES YACIAN apiñados en las calles sin vida de Meinji, solo quedaban dos seres con vida en el pueblo, y no eran humanos. La luna llena brillaba en el cielo, como único testigo de la matanza ideada por el demonio y perpetrada por el vampiro. Stern se dirigió a la iglesia. ¿Iba a matar también al cura?, estaba confundido, con la cabeza embotada y el cuerpo totalmente cubierto de sangre. Sí, sí iba a matarlo. Ya nada importaba, nada.
El cura.
Recordó que Misha le dijo, un mes atrás, que el cura había muerto y otro llegó en su lugar, un cura misterioso al que llamaban el hombre de negro.
Pero eso daba igual, todos morirían, todos, sin excepción.
Stern arrancó las gruesas puertas de madera de sus goznes. Las puertas se astillaron al impactar contra las columnas que sustentaban la iglesia.
En el altar, el cura le miraba, le miraba.
Y sonreía.
No era una sonrisa alegre, era una sonrisa paranoica.

IX

- Aommm, aommm. Doominus cominus erectum endiñum por el cuuuuulum. Saludos hijo mío, ¿qué te trae a la humilde casa de Dios?.-Dijo el cura.
Stern vio el cuerpo descabezado de la niña tirado en el suelo. La cabeza estaba en el altar, el cura la sostenía. No, no la sostenía. Había introducido su mano por el orificio que antaño unía la cabeza con la base del cuello.
Los insectos se arremolinaban alrededor del cuerpo de la niña. Un perro que se había unido al festín huyó corriendo y chillando cuando Stern miró el cadáver. A pesar de que el vampiro estaba cubierto de sangre y el demonio sostenía la cabeza (a la cuál le había arrancado la lengua y quitado parte del cerebro) ni una sola mosca se atrevía a acercarse a menos de diez metros de los dos seres inhumanos.
-¿Qué has hecho?, ¿por... por qué la has matado?.-Stern estaba empezando a marearse.
- Oh, bueno. Porque me aburría. Y tu, ¿por qué has matado a todos los paletos?.
- ¿Paletos?.
- Pueblerinos, chusma, gentuza...
- No... ellos... ellos mataron a Misha.
- Pero eso no es así, ¿verdad señor N'Asthir?.-El demonio estaba hablando con voz aflautada mientras movía la mandíbula de la niña.-Usted controlaba a la muchedumbre, la mataron porque usted así lo quiso, ¿no es cierto?.
- Shhh, cállate, que se va a mosquear.-Dijo el demonio mientras miraba la cabeza de la niña y se ponía un dedo en la boca.
- ¿Quién eres?.-Preguntó Stern.
- Oh, perdona. No me he presentado.
- Tiene usted muy malos modales, señor N'Asthir.-Dijo el demonio con voz aflautada.
- Cállate un momento niña.-El demonio carraspeó para aclararse la garganta.-Encantado, me llamo N'Asthir. Soy un general de elite en el séptimo circulo del infierno. Un ángel negro, un ángel caído. Como prefieras. ¿Quieres mi tarjeta?.
Stern no sabía a lo que se refería, estaba demasiado confundido.
- Tu... tu has.
- Bueeeeno, pues sí. Yo controle a los paletos que mataron a tu zorrita. Nada personal, solo es mi hobby. Hay gente que colecciona sellos, que colecciona mariposas... yo colecciono dolor y sufrimiento.
Stern se quedo de piedra. Algunas de las cosas que decía el demonio no tenían sentido. Pero esa gente. No lo hicieron ellos. Durante toda su vida no había matado a nadie. Se alimentaba de la sangre de los animales. También de los bandidos y asesinos, pero hasta a ellos les perdonaba la vida. Y ahora, ahora...
Ahora había matado a más de trescientos inocentes.
Stern se derrumbó de rodillas en el suelo.
< Oh, Dios mío, que he hecho. Misha, oh Misha.>
- ¡Sííííí señor!.-N'Asthir comenzó a hablar entre espasmos de risa.-Eso es lo que yo quería ver. Esa cara que has puesto Stern, es gloriosamente dolorosa. Lastima que falten ocho siglos para que se inventen las videocámaras. Este momento tenía que haberlo grabado. Joder, me estoy empalmando.
< Los he matado. >
- Es usted muy malo, señor N'Asthir.-Dijo el demonio con voz aflautada mientras giraba la cabeza de la niña hacia su rostro.
< Hombres, mujeres, niños, recién nacidos. Oh Dios, los he matado a todos. >
- Pero yo no he matado a nadie niña, ha sido él quien los ha matado.-Contestó N'Asthir mientras miraba la cabeza de la niña.
< Ese demonio los controlaba. >
- Eso no es cierto, señor.-Dijo N'Asthir con voz aflautada.-Usted me ha matado a mí.
< Ese demonio hizo que la gente matara a Misha. >
-Ya estoy harto de ti, niña repelente.-A continuación, el demonio comenzó a golpear la cabeza de la niña contra el altar. Los ojos salieron disparados. La mandíbula se desprendió. El cráneo se partió en dos. El demonio tiró los restos al suelo y se limpió la mano en la túnica, que quedó manchada de sangre y restos de materia gris.
< Ese demonio debe morir. La muerte ha llegado a Meinji. N'Asthir, recíbela con los brazos abiertos.>
- Antes de que te cabrees del todo, Stern, quiero mostrarte algo.
N'Asthir levantó la ensangrentada mano izquierda, al instante, la mente de Stern
fue bombardeada con imágenes. Imágenes que recorrerían sus sueños en los años venideros, convirtiéndolos en aterradoras pesadillas.
Todos y cada uno de los terribles segundos de la agonía de Misha fueron transcurriendo por su mente, como si él mismo hubiera estado allí presenciándolos sin hacer nada. Stern comenzó a gritar.
El dolor, las violaciones.
Stern siguió gritando.
El ensangrentado rostro de su amada, contraído por un dolor infernal.
Los insectos que danzaban en torno al cadáver de la niña huyeron asustados.
El demonio se reía a carcajada limpia.
- ¡¡¡BASTARDOOO!!!.-Stern agarró una de las grandes y gruesas astillas de la puerta, que acababa en una afilada punta. La lanzó en dirección al demonio con una fuerza aterradora, impactando en el centro del pecho de N'Asthir. El tremendo impacto impulsó el cuerpo del demonio hacia atrás, quedándose clavado en la puerta que separaba el altar de los aposentos del antiguo sacerdote.
El demonio seguía riéndose.
- ¡¡¡MUEREEE!!!.-Stern corrió hacia el cuerpo empalado. Comenzó a golpearlo salvajemente. Las costillas se quebraban, los órganos vitales quedaban aplastados.
El demonio seguía riéndose.
Stern cogió el cuchillo clavado en el estomago de N'Asthir y se lo rajó. Los intestinos salpicaron el suelo.
El demonio seguía riéndose.
Le arrancó la garganta de un mordisco y un brazo de un fuerte tirón.
El demonio seguía riéndose.
Incrustó los dedos en el pecho, le sacó el corazón y se lo metió en la boca.
El demonio se lo escupió en la cara y siguió riéndose.
- ¡MALDITO SEAS, MUERE!.-Le agarró la cabeza con las dos manos y se la arrancó. Luego la estrelló contra el suelo, con parte de la espina dorsal sobresaliendo de la base del cuello.
El demonio dejó de reírse.
En sus labios quedó grabada una sonrisa.
No era una sonrisa alegre, era una sonrisa paranoica.

X

STERN AMONTONÓ TODOS LOS CUERPOS de los antiguos habitantes de Meinji. No tenía tiempo para enterrarlos a todos, así que les prendió fuego. Los restos de N'Asthir los quemó aparte, aplastando con un mazo los huesos ennegrecidos hasta que no quedó mas que polvo y ceniza. También prendió fuego a las casas. Como estaban construidas con madera y paja, ardieron fácilmente. Encontró las ropas de Misha y su colgante. Era un pequeño Fénix de hierro que ella compró a un mercader cuando tenía quince años, la delgada cadena se había roto, pero podía arreglarla.
Recogió el cuerpo de Misha y lo llevó a lo más recóndito del bosque cercano a Meinji. Allí había una pequeña cascada, rodeada de árboles. Era el sitio preferido de Misha y allí fue donde Stern y ella pasaron la mayor parte del tiempo juntos a lo largo de los tres años. La enterró allí, a los pies de un árbol. En el tronco grabó:

MISHA LITHMUN
1100-1120
Cariño, descansa en paz.


Pensó en volver a Meinji y arrojarse en la gran hoguera en que se había convertido, pero recordó las palabras de Misha en la noche anterior.
< No querría que murieras por mi culpa. Además, yo siempre estaría contigo, aquí... >
Stern agarró fuertemente el colgante del Fénix.
< Tenemos que prometernos que, aunque uno de los dos muera, el otro seguirá adelante.>
Se lavó en la cascada. Quedaba poco para el amanecer, así que volvió al molino.
A la noche siguiente, estuvo cinco horas arrodillado delante de la tumba de Misha.
Después abandonó las ruinas humeantes de Meinji, sin tener un rumbo fijo.
< Adiós Stern, se fuerte. >

XI

DURANTE UN MES, NINGUN SER vivo volvió al sitio que antiguamente se conoció como Meinji. Los habitantes de los pueblos de alrededor, aunque habían visto la inmensa columna de humo que se levantó sobre el pueblo, también oyeron los desgarradores gritos de sus habitantes y no osaron acercarse. En lugar de ello, llamaron a la Iglesia.
Una gran hueste de Inquisidores, Exorcistas y Caballeros Templarios llegó al lugar y sus investigaciones fueron llevadas al Vaticano.
El Papa declaró el lugar como "maldito por el infierno" y nadie, (ya fuera sacerdote, campesino, vampiro u hombre lobo) se atrevió a acercarse a menos de veinte kilómetros del desaparecido pueblo.
Se decía que, en una calurosa noche de Junio, la Señora Muerte llamó a las puertas de Meinji...
Y sus habitantes la recibieron con los brazos abiertos.

XII

Atenas, año 1126 D.C.

HABIAN TRANSCURRIDO DOS DIAS DESDE que Stern llegó a Atenas. En ese tiempo descansó del largo viaje y se entrevistó con Maximo. Les contó a él y a su madre su conversación con el Extraño sin edad, (al cual Maximo había conocido).
El Príncipe llegó a la conclusión de que era demasiado importante, y él y Andrea convocarían el gran consejo de vampiros. numerosos mensajeros fueron mandados a todos los lugares de Europa.
Stern se marchó de Atenas en dirección a España, a seguir con la misión que el Extraño sin edad le había confiado.
Una figura observaba desde la sombra de un edificio la partida de Stern. Iba cubierta con un manto negro. En sus labios se dibujó una sonrisa.
No era una sonrisa alegre, era una sonrisa paranoica.

 

Vamos al Capitulo Tres de SENDERO DE SANGRE

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(c) Quino-Wan
 

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