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SENDERO DE SANGRE

Por Quino-Wan

(Volvamos al inicio del Capitulo 3 )

EPISODIO 1: LA GUERRA DEL GRIAL

Capitulo 3: La Orden de las Cenizas Amargas

 

VIII

EL PALACIO HABÍA SIDO CONSTRUIDO por el anterior gobernante de la ciudad, por lo que tenía un eminente diseño occidental. Los compañeros no tuvieron más problemas en el camino hasta la sala del trono, donde suponían que estaría El- Razid. Incluso encontraron todas las puertas del palacio abiertas.

Cuando llegaron a la sala del trono vieron a Mohamed El-Razid tranquilamente sentado, al ver el Príncipe a los intrusos extendió los brazos en señal de afecto mientras sonreía.

- ¡Bienvenidos, mis queridos invitados!. ¿A que debo el honor de vuestra visita?.

La estancia donde se encontraban ahora era espaciosa y alta, la luz del sol entraba por diversos ventanales en el techo, que antaño estaban adornados con hermosas vidrieras de motivos Cristianos. Obviamente las vidrieras no seguían allí. Wolfgang miró a su alrededor, los demás miembros de la Orden aun no habían llegado, tampoco veía a Adrian por ninguna parte.

- Déjate de tonterías, ¿qué has hecho con Adrian?.-Preguntó Wolfgang.

- Ah, ¿te refieres al joven vampiro pirokinetico?.-El-Razid se incorporó, llevaba una lujosa túnica blanca y un turbante.-No te preocupes, no le he hecho nada... todavía.

Un ruido ensordecedor llegó desde la pared que se encontraba a espaldas del

Príncipe. Toda la estancia empezó a temblar, luego una sección de la pared se derrumbó estrepitosamente. De la cavidad recién abierta surgieron los restantes miembros de la Orden.

- Parece que somos los últimos en llegar.-Dijo Rock mientras se sacudía el polvo. Miró hacia arriba en dirección a donde antaño se hallaban las vidrieras Cristianas.-Vaya, han destruido las vidrieras; es una pena, eran autenticas obras de arte.

Jeannie Devero, nada más ver al Príncipe empezó a correr y de un salto se puso

delante de él y apuntó a su cabeza con la ballesta.

- ¡Dime que has hecho con Adrian si no quieres que te aclare las ideas de forma definitiva!.

- ¡Jean, atrás!.-Dijo Wolfgang.-Tranquila, Adrian está bien.

Jeannie dio dos pasos atrás. Gwyneth, Roberto, Rock y Christopher se reunieron con el resto de sus compañeros mientras Jean y Larson apuntaban a El-Razid con sus armas. El Príncipe se cruzó de brazos.

- ¿Ya estáis todos?. Bien, así me será más fácil mataros.

- Creo que has perdido la razón, El-Razid. ¿De verdad crees que tienes alguna posibilidad?.-Wolfgang miró al príncipe con expresión amenazante.-Cada uno de nosotros puede matarte de treinta formas distintas antes de que tu cuerpo llegue siquiera a tocar el suelo, así que no nos vengas con amenazas. Dime, ¿por qué nos has traicionado?. Gracias a nosotros los Cristianos han abandonado las tierras de Oriente. ¿Así nos lo agradeces?.

- ¿Qué porque os he traicionado?.-El rostro de El-Razid adquirió una expresión de ira mientras hablaba y subió el volumen de su voz.-Engañáis al pueblo de Alá. Un infiel impostor bebedor de sangre comete el sacrilegio de decir que es la reencarnación de nuestro Profeta, ¿¡y me preguntas porque os he traicionado!?. ¡El pueblo de Ala no os debe nada!. ¡Fue gracias a vosotros por lo que los Cristianos nos invadieron!. Fue la Orden de la Ira de Dios la que nos ocupó, ¡y vosotros pertenecíais a ella!. ¡Vuestras manos están manchadas con la sangre de mi pueblo!. Solo sois unos mercenarios traidores vendidos al mejor postor. ¡Me dais asco!.

Wolfgang se quedó sin habla. El que él y sus compañeros pertenecieran en el pasado a la ahora desaparecida Orden de la Ira de Dios (una Orden compuesta por cientos de vampiros fieles a la Iglesia y que fueron los principales valedores de las victorias Cristianas en las Cruzadas) solo era conocido por Melkaia y Saladino. Wolfgang ya empezaba a tener sospechas de quien movía los hilos en la traición de El-Razid.

- Escúchame, El-Razid.-Ahora era Gwyneth quien hablaba.-Es cierto que antes luchábamos para la Iglesia Cristiana. Pero nuestra Orden fue traicionada por ellos. Éramos cientos y solo sobrevivimos once. Nosotros odiamos a la Iglesia y todo lo que representa tanto o más que tu. No nos tengas...

- ¡Cállate, mujer!.-La interrumpió El-Razid mientras señalaba al grupo.-- ¡¿Como osas hablarme?!. ¡¿Cómo osáis presentaros ahora ante los hijos de Alá como sus salvadores?!. Cuando estabais de parte de los Cristianos muchos de mis hermanos murieron por vuestra culpa. Pero cuando la guerra acabó y comenzó la ocupación fue mucho peor. Cada uno de vosotros, malditas sanguijuelas, os alimentabais de un inocente cada noche, ¡y erais más de mil!. ¡Arrasasteis ciudades enteras, malditos chupópteros!.-El-Razid escupió a los pies de Wolfgang y siguió hablando.-- Me da igual de parte de quién estéis ahora. Yo y solo yo seré quien lleve a los Cristianos a la perdición. Vosotros, demonios bebedores de sangre, moriréis hoy mismo.

Gwyneth observó que El-Razid empezaba a sudar copiosamente, a pesar que la temperatura en el interior del palacio era bastante fresca. En ese momento Ramses pareció desmayarse y se hubiera caído al suelo si Christopher no hubiera estado cerca de

él para cogerle.

- ¡Ramses, que te ocurre!.-Dijo Christopher en voz baja.

- Siento algo, un poder está creciendo.

- Es cierto.-Añadió Gwyneth.-La fuente de la interferencia de mis poderes mentales se haya cerca de aquí.

- Tienes toda la razón, mujer.-Dijo El-Razid mientras bajaba los escalones en dirección a donde se encontraban los compañeros.-Hace un par de meses que conozco vuestra verdadera identidad. Pero era consciente de que no podía hacer nada . No era rival para vosotros, solo era un simple... humano.-La ultima palabra la dijo con un marcado sarcasmo.

Pero hace quince días hice un descubrimiento muy interesante en los sótanos de este palacio. Una cámara secreta, increíblemente escondida. Sin duda pertenecía al antiguo habitante de este Palacio. Cuando conseguí abrirla en su interior solo se encontraba una cosa: un libro, un libro maravillosamente conservado, dado el grado de humedad al que había sido expuesto. Cuando me di cuenta de quien había sido el autor de ese libro comprendí el recelo del antiguo inquilino de este palacio en guardarlo. Era, nada más y nada menos, que uno de los Cantares de Maerlyn, el mago más poderoso de todos los tiempos.

Los compañeros escuchaban al Príncipe mientras se mantenían alerta, listos para cualquier movimiento brusco que este hiciera. Rock Creid, que era el que más trato tuvo con los magos cuando luchaba en las Cruzadas en la parte Cristiana, había escuchado numerosas historias sobre el tal Maerlyn. Un mago que vivió dos milenios atrás y que se convirtió en el más poderoso de la Orden de los Magi cuando solo tenía cinco años de edad. Si era verdad que El-Razid poseía un libro de aquel mago...

- Posiblemente no lo sepáis, mis ignorantes amigos, pero yo estuve hace años en Sajonia estudiando las artes de la magia.-El Príncipe se paseaba despreocupadamente por la estancia mientras hablaba, como un maestro que está dando clase a jóvenes e inexpertos aprendices.-No hice grandes progresos, prácticamente no pase el nivel que puede llegar a tener un prestidigitador de feria. Pero escuche y leí mucho sobre Maerlyn en la gran biblioteca de la ciudad de la magia.

Maerlyn llegó a tener un dominio y un conocimiento de las artes arcanas que no se veía desde que la Madre Naturaleza aún caminaba por el mundo. Sin embargo Maerlyn era ante todo un visionario. Cuando tenía seis años construyó varias bolas de cristal. Hasta el día de su muerte, a la edad de ciento dos años, estuvo escudriñando esas bolas de cristal. Todo lo que vio, junto a algunos de los hechizos más poderosos del arcano arte de la magia solo conocidos por él, lo registró en unos libros, posteriormente llamados los Cantares de Maerlyn. El numero de esos libros difiere según la fuente a la que se interrogue. Unos dicen que fueron cientos, otros que solo una decena. Pero da igual. El caso era que tenía ante mi la llave para exterminar a los enemigos de Alá.

- En el interior del libro encontré una profecía muy interesante, referente a los vampiros. Según Maerlyn a raíz de la traición del Guardián del Padre, los vampiros irían perdiendo poder generación tras generación, hasta que se trasformarían en unas criaturas tan patéticas como las ratas, escondiéndose en cloacas infectas y alimentándose de la poca carroña que pudieran conseguir. Pero llegaría un día en el que surgiría una nueva raza de vampiros que se conocería como los Hijos del Sol. Vampiros de increíbles poderes, sin necesidad alguna de beber sangre y que podrían caminar a plena luz del día sin que ardieran hasta convertirse en un montón de cenizas humeantes. Unos vampiros que tendrían un lugar muy destacado en el holocausto de la especie humana. Es obvio que vosotros sois esos Hijos del Sol. Y es obvio que Alá me ha encomendado mataros antes de que llevéis a la humanidad a la perdición. Por eso permitió que encontrara ese libro.

- ¿Y como esperas matarnos?. ¿De aburrimiento con tu incesante verborrea?.-Larson tensó aun más la cuerda de su arco.-Yo digo que nos lo carguemos ahora, este tipo me da dolor de cabeza.

- Y más dolor que voy a darte dentro de un momento, mi peludo amigo.-El-Razid se encaró con Wolfgang, sus rostros quedaron a escasos centímetros el uno del otro.-Junto a esa profecía se incluían los medios para ejecutar dos hechizos. Dos hechizos que ni siquiera el Patriarca de Sajonia conoce. Son hechizos de invocación. Pero no hechizos de invocación normales, para invocar a criaturas menores o demonios de poca monta. No, son mucho más que eso. El segundo de ellos era el más interesante. Permitía invocar un arma. Un arma que me ha hecho menos humano y más... divino.

Un escalofrió sacudió la columna vertebral de Ramses. Estaba empezando a recordar, a recordar hechos del pasado. Hechos que tuvieron lugar más de tres milenios atrás.

- ¿Y donde esta ese arma tan extraordinaria?.-Preguntó Wolfgang sin amilanarse.

- Ese arma... esta justo aquí.

El-Razid retrocedió dos pasos. Acto seguido alzó la mano. Ramses gritó con desesperación.

- ¡Wolfgang, apártate de ahí!.

Algo atravesó el suelo. Aunque Wolfgang se apartó, no fue lo suficientemente rápido y fue herido en el brazo derecho por el objeto que había traspasado el lujoso suelo de mármol. Aunque la herida era superficial, al instante el brazo herido colgó fláccido y no pudo moverlo.

Ramses no podía creer lo que veía, el arma a la que El-Razid se refería flotaba delante del Príncipe. Era una especie de lanza negra. A un cuarto del extremo de la lanza esta se separaba en dos puntas, dos puntas que volvían a unirse casi en el final del extremo superior. Ramses la recordó, Ramses la reconoció.

Era la lanza de Longinos.

- Estamos condenados.-Dijo el Egipcio con una voz apenas audible.

 

IX

UNO DE LOS MALES MÁS comunes que sufren los pocos vampiros que logran superar el milenio de edad es la amnesia. Año tras año, siglo tras siglo, en la mente del vampiro se acumulan demasiados recuerdos, demasiados recuerdos para la mente de una persona que se suponía no viviría más de ochenta años. Por lo tanto los Milenarios, que es como se conoce a estos antiquísimos vampiros, solo pueden mantener recuerdos recientes (según sus cómputos de edad, claro) que suelen remontarse hasta doscientos años en el pasado. Ramses sabía muy poco de su vida anterior a esos doscientos años. Aun así se dice que esos recuerdos prehistóricos no son olvidados del todo, sino que residen en un rincón muy apartado de la mente y que la visión de una imagen que haya tenido una gran carga emocional para el vampiro puede hacer que los recuerdos de toda su vida inmortal vuelvan a fluir al exterior. Las consecuencias suelen ser desastrosas, la sobrecarga que supone recordar miles de años de historia en un momento puede destruir por completo la mente del vampiro, pues aunque inmortal sigue siendo una mente humana.

Toda la vida de Ramses II estaba pasando por delante de sus ojos en aquel mismo

instante. La visión de la lanza fue la llave que abrió ese rincón apartado de su mente, y los recuerdos fluían y amenazaban con destruirle.

Se llevó las manos a la cabeza y empezó a gritar.

- ¡Ramses!, ¿qué demonios te ocurre?.-Gritó Christopher.

Mohamed El-Razid cogió la lanza que flotaba delante de él. Al instante un poder inconmensurable inundó hasta el ultimo poro de su piel. Las venas de todo su cuerpo se hincharon, sus ojos se inyectaron en sangre.

Rock intentó agarrar el cuerpo de Ramses, el cual se estaba convulsionando violentamente. A pesar de toda su fuerza a duras penas lo conseguía. El egipcio seguía

gritando.

- ¡Acabad con él!.-- Dijo Wolfgang mientras intentaba mover su brazo sin éxito. Observó que el arañazo que le había producido la lanza estaba empezando a adquirir un tono oscuro, el cual empezó a recorrer todo su brazo.

Jean y Larson dispararon sus armas. La flecha de Jean desencadenó una gran explosión al impactar con el cuerpo del Príncipe. Pero El-Razid no sufrió ni siquiera un leve arañazo; empezó a reírse, luego habló, su tono de voz era ensordecedor.

- Nueve contra uno no parece una pelea justa, lo remediaré.

El-Razid se desdobló. De su interior surgieron ocho copias idénticas de él mismo, las cuales portaban el mismo numero de lanzas. Los nueve Príncipes clónicos cargaron contra los compañeros.

- ¡Rock protege a Ramses!. ¡Los demás, atacad sin cuartel!. ¡Hermano!.-Dijo Gwyneth mientras se acercaba a Wolfgang, el cual estaba sentado sujetándose el brazo herido.-- ¡¿Qué te ocurre!?.

- No estoy... seguro.-Dijo Wolfgang con mucho esfuerzo.-Creo que me ha... envenenado. No... no dejéis que la lanza... os toque.-Al terminar de decir esto, Wolfgang cerró los ojos y perdió el conocimiento.

- ¡Wolfgang, Wolfgang!.-Su hermana trató de que respondiera, pero era inútil. No sabía si había muerto, ya que a los vampiros no les latía el corazón. Tampoco podía acceder a su mente para averiguar si aún seguía con vida. Si El-Razid era la fuente del bloqueo de sus poderes mentales al matarlo seguramente los poderes volverían. Apartó el cuerpo de su hermano de la lucha que se había desencadenado, desenvainó sus dos espadas cortas y se unió al combate.

 

X

< Recuerdos. Recuerdos. Recuerdos. Los recuerdos me están destrozando.>

< Recuerdo la época en la que era faraón de la tierra del Nilo. Recuerdo a mis dos esposas, recuerdo a mis hijos, recuerdo a mi consejero y escriba. Se llamaba Trewek. Recuerdo que había servido a mi familia durante generaciones. Recuerdo que se decía que los Dioses le habían otorgado la inmortalidad para servir y proteger a los gobernantes de Egipto.>

< Recuerdo una calurosa noche, antes de la estación de la siembra. Recuerdo los gritos de dolor que salían de los aposentos de Trewek, cercanos a los míos. Recuerdo

que cuando me dirigí a ayudarle vi su cuerpo totalmente cubierto en llamas arrojarse por el balcón. Recuerdo que no logramos encontrar su cadáver.>

< Recuerdos. Los recuerdos están destrozando mi mente.>

< Recuerdo que tres días después me desperté sobresaltado. Recuerdo un fuerte

olor a carne quemada. Recuerdo a Trewek, con su cuerpo totalmente abrasado, sentado en el borde de mi cama. Recuerdo que empezó a hablarme. Me dijo que era un vampyr, me dijo que su especie estaba al borde de la extinción. Me hizo beber la poca sangre que su diezmado cuerpo aun tenía, me transformó en un vampiro. Recuerdo que estuvimos hablando el resto de la noche.>

< Tengo que expulsar los recuerdos o acabarán destruyendo mi mente.>

< Recuerdo que me dijo que todos los vampiros del mundo habían entrado en combustión. Recuerdo que me dijo que el causante de todo había sido Cayib, el llamado Guardian del Padre de todos los vampiros. Recuerdo que antes de que Trewek muriera le juré que encontraría a Cayib y le haría pagar por su crimen. Recuerdo una

búsqueda, la búsqueda de Cayib, la cual duró trescientos años. Recuerdo que conocí a

dos vampiros, los cuales habían sido creados en las mismas circunstancias que las mías. Recuerdo sus nombres: Ahasver y Yhamen. Nos unimos en la búsqueda. Con el tiempo entablamos un fuerte lazo de amistad.>

< Demasiados recuerdos, no puedo acumular tantos recuerdos, me están destruyendo.>

< Recuerdo el escondite de Cayib. Recuerdo la visión del Padre de todos los vampiros, inmóvil en un trono de mármol, su piel tenia la misma tonalidad. Recuerdo la locura que mostraban los ojos de Cayib. Había bebido sangre del Padre, había adquirido un poder inconmensurable, no éramos rival para él. Recuerdo una cruenta lucha que duró seis días, recuerdo que cuando Cayib estaba a punto de destruirnos algo cayó del cielo, clavándose en el suelo, al lado de mi compañero Ahasver. Era una lanza, una lanza negra. La lanza de Longinos.>

< La lanza. La maldita lanza está destruyendo mi mente.>

< No son los recuerdos. No quiero olvidar. No quiero olvidar a mis esposas y a mis hijos, sus huesos hace siglos que son solo polvo en el desierto. Solo sobreviven en mi mente. No quiero olvidarles.>

< No quiero olvidar a Ahasver. Ahasver fue poseído por el poder de la lanza. Ahora lo sé, ahora lo comprendo. Para ayudarle tengo que recordar. Se lo debo. No puedo olvidar; maldita lanza, no me vas a hacer olvidar. Tengo que apagar mi mente, tengo que reconstruirla y expulsar a la maldita lanza de ella. Ahora recuerdo que Maerlyn me dijo como hacerlo.>

Ramses abrió los ojos un momento, con el tiempo justo de ver a su compañero Rock incorporarse y encararse con los dos enemigos que se precipitaban hacia él mientras blandía su impresionante hacha de doble hoja de más de dos metros de longitud. Después Ramses cerró los ojos y apagó su mente. Debía reconstruirla, las vidas de sus compañeros dependían de ello.

 

XI

GWYNETH ESQUIVÓ EL PRIMER ENVITE de El-Razid. Las cosas iban de mal en peor, su hermano posiblemente estaba muerto y aunque el más poderoso de sus compañeros había dejado de gritar parecía estar inconsciente. Pocas veces se habían enfrentado a una situación tan difícil, pero vencerían, como siempre. Escuchó un ruido a sus espaldas, se giró. Era otro El-Razid, la lanza que portaba estaba apunto de atravesarla, desvió el golpe con una de sus espadas, acto seguido esta se quebró en mil pedazos. El-Razid al que le había dado la espalda levantó la lanza dispuesto a empalarla. Gwyneth se apartó de un gran salto. Los dos enemigos idénticos se miraron el uno al otro mientras sonreían y volvieron a atacar. Gwyneth no estaba acostumbrada a luchar de esa forma, con sus poderes mentales hubiera podido leer los pensamientos de sus enemigos y saber cuando y donde iban a atacar antes de que lo hicieran. Ahora estaba mentalmente ciega, pero no importaba, tenía que acabar con el Príncipe y con su lanza infernal y lo haría. Lanzó un fuerte grito de guerra y cargó contra ellos blandiendo la única espada que le quedaba.

Miho Lee se movía entre milésimas de segundo, para ella todo su entorno se había movido siempre con tal lentitud que hasta podría coger con tranquilidad las petrificadas alas de una mosca que flotara inmóvil en el aire. Cargó contra el Príncipe que estaba más cercano a ella mientras giraba sobre su cabeza un arma oriental que consistía en una larga cadena con un garfio de afiladas puntas en su extremo. Miho planeaba arrebatar primero la lanza de manos de El-Razid y luego degollarle. Lanzó la cadena, pero para su sorpresa el Príncipe no solo igualó, sino que superó su velocidad; agarró la cadena y tiró de ella, Miho no tuvo ni siquiera tiempo de reaccionar y se vio arrastrada hacia el Príncipe el cual clavó la lanza en el hombro de Miho. Si a la vampira oriental no le hubieran abrasado las cuerdas vocales en su infancia hubiera gritado de dolor hasta quedarse afónica. Cayó al suelo, su vista se oscureció y ya no supo más.

Rock Creid se consideraba bastante rápido, incluso para un hombre de su envergadura. Por eso su rostro adquiría un gesto de frustración cada vez que intentaba atravesar con su arma a alguno de los dos El-Razid que estaban delante de él. Los condenados se movían demasiado rápido, pero tenía un plan. Levantó un pie y dio un enorme pisotón contra el suelo con tal fuerza que estuvo a punto de hundirlo hasta la rodilla. Tal y como esperaba los dos El-Razid perdieron el equilibrio y cayeron al suelo. Levantó su hacha y descargó un golpe con todas sus fuerzas para partir en dos a los Príncipes; pero en cuanto su hacha entró en contacto con una de las lanzas la hoja saltó en mil pedazos, uno de los cuales se le clavó en la frente de la que empezó a brotar sangre. La sangre le cegó los ojos, no veía nada; mientras intentaba limpiárselos notó un fuerte dolor en el pecho, su visión pasó del rojo al negro en menos de un segundo, su gigantesco cuerpo inerte impactó contra el suelo con gran estruendo.

Larson McArthur gritó de rabia al ver el cuerpo de Miho Lee yacer en el suelo. Quería a Miho como una hija y la sola visión de sus ojos, abiertos y vacíos, bastó para hacerle entrar en un sangriento frenesí. Ignorando al Príncipe con el que estaba luchando se abalanzó contra El-Razid que había herido, posiblemente de muerte, a Miho. El-Razid vio como Larson se abalanzaba sobre él. Lo empaló con su lanza, pero eso no detuvo al pequeño hombre-bestia. Ayudándose con las manos empujó la lanza contra él aun más, hasta que el Príncipe estuvo al alcance de sus garras; entonces empezó a desgarrarle el rostro, luego le arrancó la laringe. Ambos cayeron al suelo, Larson seguía cortando y desgarrando el cuerpo de El-Razid mientras su vista empezaba a nublarse. Otra de esas malditas lanzas negras atravesó su cuerpo, sin duda sería la del Príncipe con el que había estado luchando, antes de que su mente se apagara sonrió satisfecho. Al menos el asesino de Miho había muerto.

Jeannie Devero paró con su espada uno de los golpes del Príncipe, el arma se rompió en sus manos. El-Razid sonrió satisfecho, creyendo tener a la mujer a su merced. Entonces Jeannie utilizó su telekinesis para arrebatar la lanza de las manos de El-Razid y clavarla en una columna. El Príncipe la miró sorprendido, la mujer levantó su ballesta cargada y le apuntó.

- Veamos si ahora que no tienes tu palillo consigues salir ileso, hijo de puta.

Jeannie disparó su flecha explosiva, la cual impactó en el cuerpo del Príncipe y lo voló en cientos de pedazos. Jean sonrío satisfecha, pero por poco tiempo, otros dos Príncipes corrían hacia ella, no tenía tiempo de cargar otra flecha; tendría que improvisar, pero para su sorpresa los dos Príncipes pasaron de largo. Miró hacia la dirección en la que los dos Príncipes corrían. Uno de ellos apoyó su mano contra la pared mientras sus compañeros clónicos le cubrían; la pared se abrió, entonces penetró en su interior y la pared volvió a cerrarse detrás de el. Los siete Príncipes restantes que aun quedaban en la habitación se desvanecieron. Se hizo el silencio en todo el palacio.

 

XII

GWYNETH, JEANNIE Y CHRISTOPHER HABÍAN conseguido salir ilesos de

la lucha y atendieron al resto de sus compañeros. Gwyneth se dirigió rápidamente hacia Roberto, el cual estaba sentado en el suelo. Tenía su mano posada en el brazo izquierdo, tanto la mano como la cruz de su frente brillaban con un fulgor rojo.

- ¡Roberto!, necesitamos tus poderes. Larson, Miho, Rock, y mi hermano están

muy malheridos.

- Yo también estoy herido Gwyneth. --Roberto la miró apesadumbrado.-Pero por más que lo intento no logro que la herida se cure.

- Eso es porque las heridas de la lanza son incurables.-Ramses había despertado y se dirigió a examinar el cuerpo de Rock.-No creo que les queden más de doce horas.

- ¿Entonces ya está?.-Christopher gritaba de frustración.-- ¡Tiene que haber una solución, no podemos rendirnos!.

- Puede que haya una, el Grial.-Ramses se levantó.-Tenemos que llevarles a la fortaleza de Melkaia, quizás el Grial pueda curar sus heridas.

- ¡Pues llevadles vosotros, yo me quedo aquí!.-- Jeannie se dirigió a uno de los muros y empezó a palparlo.-He visto como ese grandísimo bastardo se escurría por una puerta secreta. Además aun tiene a Adrian.

- Yo los llevare, vosotros id a por El-Razid.-Roberto intentó incorporarse.-Gwyneth, ayúdame a levantarme.

- ¿Estas seguro de que podrás?. A ti también te ha herido.-Dijo Gwyneth mientras le ayudaba a incorporarse.

- No te preocupes jefa, ya sabes que es muy, pero que muy difícil acabar conmigo.-Le contestó Roberto sonriendo.-Además con mis poderes podré cubrir más fácilmente la distancia que nos separa de la fortaleza de Melkaia. Llegaré allí en poco más de seis horas. Acercadlos a mí.

Ramses cogió a Rock, Christopher a Larson y Miho y Gwyneth a su hermano. Los pusieron cerca de Roberto, de tal manera que sus manos entraban en contacto las unas con las otras. Roberto posó su mano en el hombro de Rock. El fulgor rojo que emanaba de la cruz de su frente los envolvió a él y a sus compañeros caídos.

- Buena suerte, no os preocupéis. Me ocuparé de ellos. Haced que El-Razid lo pague con intereses.-Al terminar de decir esto Roberto y los demás desaparecieron.

- Bien, en marcha. Tenemos que ajustar cuentas.-Dijo Gwyneth.-He recuperado mis poderes mentales, seguramente eso significa que El-Razid quizás ya no pueda usar los poderes de la lanza. He contactado con Adrian y está bien, aunque no he podido hablarle. Está en las mazmorras del palacio.

- ¡No logro encontrar el sitio!.-Dijo Jeannie cansada de escudriñar la pared. Se separó un poco y cargó una flecha en su ballesta.-Haré mi propia puerta.

- No tienes porqué malgastar una flecha.-Ramses posó su mano en la pared con el puño cerrado y dio un breve golpecito con los nudillos. La puerta secreta se derrumbó y el resto de la pared estuvo a punto de hacerlo.-Las damas primero.-Dijo haciendo una reverencia.

Los cuatro compañeros descendieron unas escaleras. Se encontraban en las catacumbas que sin duda habían pertenecido al templo hebreo sobre el que el sumo sacerdote Cristiano construyó su palacio.

- Vaya, para ser unas catacumbas son muy espaciosas.-Dijo Jeannie.

- Los Hebreos, antiguos habitantes de Jerusalén, construían las catacumbas de sus templos de tal manera que eran mucho más grandes y espaciosas que los propios templos, sin duda para huir de la opresión Romana..-Explicó Christopher.

Después de descender las escaleras llegaron a una habitación la cual se bifurcaba en dos direcciones.

- El-Razid se ha ido por ahí.-Dijo Gwyneth señalando la bifurcación de la izquierda.-Ramses y yo iremos a por él. Vosotros dos id por la otra bifurcación, por allí es por donde se encuentra Adrian. Cuando estéis juntos reunios con nosotros.

- De acuerdo, jefa. Vamos Christopher, pongámonos en marcha-Dijo Jeannie mientras se precipitaba hacia la bifurcación de la derecha.

 

XIII

NO VEO NADA, ¿DÓNDE ESTAN las antorchas?.-Preguntó Gwyneth.

- Aquí.-Contestó Ramses.-Por lo que puedo ver hace bastante tiempo que no se usan, creo que estamos en la parte más antigua de las catacumbas.

- Enciende una, viejo amigo. A diferencia de ti yo no puedo ver en la oscuridad.

Ramses cogió una de las antorchas y la frotó a gran velocidad contra otra. La fricción resultante hizo que ambas se encendieran.

- Aquí tienes.

- ¿Estas bien?. Aun no me has dicho porqué empezaste a gritar de aquella forma.

- Estoy mejor de lo que nunca he estado Gwyneth.-Contestó Ramses con una sonrisa mientras avanzaban.-- Ahora recuerdo toda mi vida anterior, mi memoria se ha reconstruido.

Gwyneth había intentado muchas veces restaurar la memoria de Ramses con sus poderes mentales, pero nunca había tenido éxito.

- Me alegro, ¿cómo lo has conseguido?.

- La visión de la lanza ha hecho que los recuerdos vuelvan a fluir por mi mente como un rió desbocado. Lo recuerdo todo... y hay cosas que no debí olvidar.

- ¿Me estas diciendo que viste esa lanza antes?.

- Sí. ¿Qué sabes de la traición del Guardián del Padre?.

- Poco, que un vampiro que se encargaba de guardar el cuerpo inerte de Caín se volvió loco e incendió el cuerpo del Padre; eso estuvo a punto de acabar con todos los vampiros de la Tierra. Se supone que unos pocos vampiros lograron detenerle antes de que lograra destruir al Padre por completo.

- Pues acabo de recordar que yo era uno de esos vampiros.-Gwyneth miró a su compañero sorprendida, Ramses siguió hablando mientras ambos se agachaban para pasar por una estrecha abertura.-Sucedió hace tres mil años, más o menos. Fuimos tres los que detuvimos a Cayib, que era como se llamaba el traidor. Éramos yo, un vampiro Indio (aunque por aquel entonces esa región no se conocía por ese nombre) llamado Yhamen y un vampiro vikingo llamado Ahasver.

- ¡¿Ahasver?!.-Exclamó Gwyneth con sorpresa.-¿Pero ese no es...?

- ...el nombre del creador de Roberto. Si, si lo es.

- ¿Y que tiene todo esto que ver con la lanza?.

- Cuando logramos encontrar a Cayib estuvo a punto de destruirnos. Había bebido sangre del mismísimo Caín y había llegado a ser tan poderoso como un semidiós, incluso puede que más. Estuvo a punto de acabar con nosotros... hasta que una lanza cayó del cielo clavándose cerca del lugar donde Ahasver yacía malherido.

> Ahasver cogió la lanza y sus mortales heridas se curaron en un instante. Entonces se enfrentó a Cayib y logró matarle. Después de eso Yhamen se convirtió en el nuevo Guardián del Padre y yo volví a Egipto. Cinco años después llegaron a mis tierras rumores de que un terrible Dios de la antigüedad estaba destruyendo una ciudad tras otra, matando hasta al ultimo de sus habitantes. Después ese ser llegó a Egipto, yo me interpuse y traté de detenerle. Mi sorpresa fue enorme cuando vi que se trataba de Ahasver.

- Aun tenía la lanza, de alguna manera el arma había hecho que surgiera en él una increíble ansia de matar. Me reconoció, quizás por eso no me mató y se limito a irse.-Ramses y Gwyneth pasaron con una zona parcialmente inundada, el agua les llegaba hasta las rodillas, algunas ratas chillaron molestas al ver la luz de las antorchas y huyeron a esconderse en las sombras. Ramses continuó hablando.-Lo busqué durante mucho, muchísimo tiempo. Nos encontramos varias veces a lo largo de los siglos, pero el resultado siempre era el mismo: Ahasver conseguía escapar. Quería librarle del influjo de la lanza, pero no sabía como.

Un día encontré a una persona que me explico muchas cosas acerca de esa lanza, esa persona se llamaba Maerlyn Ra-Zhun.

- ¡¿Conociste a Maerlyn?!.-Exclamó Gwyneth sorprendida.

- Si, cuando lo conocí tendría unos setenta años. Todo lo que se cuenta sobre él es cierto. Era la persona más sabia que he encontrado en toda mi larguísima existencia.

Me contó que antes de que la vida floreciera en el mundo solo existía un gran continente y que la lanza llegó desde un lugar muy lejano y se estrelló contra el continente. La tremenda fuerza del impacto hizo que ese continente se fragmentara en múltiples pedazos.

- Eso me suena más a una fábula... o una leyenda, que a otra cosa.

- Maerlyn no era ningún charlatán, lo que me contó sobre la lanza era cierto. El la llamaba la lanza de Longinos.

- Longinos... ¿ese no era el nombre del romano que clavó una lanza en el costado de Jesucristo para comprobar que había muerto?.-Preguntó Gwyneth.

- Bueno, cuando Maerlyn me dijo el nombre de la lanza aun faltaban varios siglos para el nacimiento de Jesucristo. El mago me dijo que el nombre tenía que ver con el lugar de procedencia de la lanza.

- Todo esto es difícil de comprender.

- Pues aún se vuelve más complicado, la verdad es que la mayoría de las cosas que Maerlyn me dijo...

- Estoy sintiendo la presencia de El-Razid.-Le interrumpió Gwyneth.-Está muy cerca. Tendrás que dejar tu relato para cuando esto acabe, preparémonos.

 

XIV

- MENOS MAL QUE SE HAN detenido los temblores, creía que el techo se nos venía encima.

- Sin duda el príncipe se ha ocupado ya de los infieles. De todas maneras yo tenía la situación totalmente controlada. ¿Te había dicho que sobreviví al terremoto de Sedonia?. Fui sepultado bajo toneladas y toneladas de escombros y me abrí paso hacia la libertad con mis propias manos. Además salve a más de trescientas personas. Aunque el palacio se hubiera derribado habríamos salido al exterior sanos y salvos, gracias a mi, por supuesto.

- Pues yo habría deseado estar en cualquier otro lugar, soy alérgico a los temblores.

Biggs y Wedge eran dos soldados rasos que llevaban poco tiempo sirviendo a El- Razid. La razón por la que en ese momento no se encontraban en el exterior combatiendo al ejercito de Melkaia, era porque Biggs había insistido hasta la saciedad en que era alérgico al polvo que se levantaba en una batalla. Así que estaba en los calabozos, vigilando al único inquilino que se encontraba allí en esos momentos. La razón por la cual Wedge también se encontraba allí era única y simplemente por acompañar a su amigo, y no por que no quisiera combatir, ya que según él en una ocasión mató a más de quinientos soldados con las manos desnudas, con lo cual la batalla que se estaba librando en esos momentos era demasiado sencilla y no tenía ningún interés para él.

- Al menos el monstruo no ha vuelto a rugir.-Dijo Biggs mientras incontrolables temblores recorrían todo su cuerpo.

- Claro que no, eso es porque sabe que yo estoy aquí.-Wedge miraba a su compañero mientras alzaba su cabeza orgulloso.-- ¿Sabias que cuando el Príncipe invocó a la criatura fui yo el que la sometió y encerró?.

- Lo que se es que como vuelva a escuchar ese ruido infernal voy a desmayarme. Soy alérgico a los monstruos.

Los dos amigos escucharon unos golpecitos, provenientes del interior del calabozo que estaban vigilando. El ruido pilló por sorpresa a Biggs , quien se llevó un gran sobresalto y se apartó de la puerta del calabozo como si esta estuviera ardiendo.

- ¿Qué quieres, prisionero?.-Dijo Wedge plantándose delante de la puerta.-Será mejor que no des la murga. ¿Es que no sabias que en una ocasión reduje el levantamiento de la isla-prisión de Rodenia yo solo?.

- Os sugiero que os apartéis, voy a salir.-Dijo una voz proveniente del interior.

- JA JA JA, ¿has oído a este sujeto, Biggs?. Dice que nos apartemos, que va a salir.-Biggs se apartó de la puerta lo más que pudo, Wedge siguió hablando mientras se golpeaba el pecho como un gorila en celo.-- ¿Quién te crees que eres, prisionero?. En una ocasión escapé de la torre-prision de Nalsur, descendí los cien pisos y maté a sus cuatrocientos centinelas por el camino. Así que aunque consiguieras...

Wedge no pudo acabar la frase, ya que la pesada puerta de hierro del calabozo fue arrancada de sus goznes, estrellándose en el muro que estaba frente a ella. De su interior salió un hombre joven, de unos veinticuatro años de edad, tenía el pelo castaño y una muy corta barba. Sus puños estaban envueltos en llamas, en su rostro se vislumbraba una gran expresión de furia. Biggs salió corriendo pasillo arriba a una velocidad increíble para un ser humano mientras gritaba como un poseso.

Vaya, vaya, vaya. ¿Que tenemos aquí?.-Wedge se plantó delante del prisionero con las manos en la cintura.-- ¿Así que has logrado salir?. Pero para tu desgracia tienes ante ti al legendario Wedge. ¿Sabías que en una ocasión tumbe a una docena de dragones de un puñetazo?. Imagínate lo que puedo hacerte a ti.

- Bien, adelante.-Dijo el prisionero mientras avanzaba hacia Wedge con una sonrisa en su rostro.

- Pero hoy es tu día de suerte, amigo. Tengo que ir a buscar a mi compañero Biggs, el no sabe arreglárselas sin mi, pero la próxima vez que nos encontremos acabaré contigo.-Al terminar de decir esto Wedge salió corriendo en la misma dirección en la que Biggs había huido a una velocidad aproximada a la de su compañero.

Las llamas que surgían de los puños de Adrian Battler se apagaron. No sabía porque, pero fuera lo que fuese lo que había impedido sus anteriores intentos de librarse de sus ataduras había dejado de funcionar. Estaba fuera, ahora tenía que encontrar a sus compañeros y advertirles del peligro. El pasillo al que había salido tenía dos bifurcaciones, pero no sabía cual coger. Escuchó ruido de pasos que provenían del pasillo por donde habían huido los dos centinelas. El pasillo se doblaba hacia la izquierda, Adrian vislumbró dos siluetas que se acercaban, una de ellas llevaba en su mano una espada desenvainada. El joven vampiro se maldijo a si mismo. Estaba desarmado, tendría que haber cogido las armas de los centinelas que habían huido. Pero no había problema, tenía su pirokinesia. Se acercó al sitio donde el pasillo se doblaba hacia la izquierda y pegó su espalda a la pared. Se dio cuenta de que tenía el factor sorpresa de su parte, ya que las dos siluetas se acercaban andado despreocupadamente. Volvió a incendiar sus manos y cuando los dos individuos iban a doblar la esquina se abalanzó sobre ellos. Como esperaba los individuos se sorprendieron al verle aparecer de repente, pero en lugar de huir como habían echo los dos centinelas anteriores uno de ellos le propinó a Adrian una patada en la entrepierna, luego efectuó un barrido que tiró a Adrian al suelo y su compañero puso el filo de su espada a escasos milímetros de la garganta del joven vampiro.

- ¿Adrian?.-Dijo Jeannie sorprendida.-- ¿Qué demonios ibas a hacer?. ¿Es que has perdido el poco juicio que te quedaba?.

- Hola Jean, Christopher.-Dijo Adrian casi sin aliento mientras cogía la mano que Christopher Johansen le tendía y se incorporaba.-Me alegro de que estéis bien, ahora mismo iba a rescataros.

- Un poco tarde, me temo.-Dijo Christopher sonriendo.

- ¡Oh, Adrian!.-Jean abrazó a Adrian, el cual se mantenía trabajosamente en pie.-Creí que habías muerto, ¿estas bien?.

- Bueno, si exceptuamos el lugar de mi cuerpo en que me has dado (y muy fuerte, por cierto), por lo demás estoy bien. No le contéis esto a Larson o estará cien años recordándomelo... Me alegro de que estéis bien Jean, creía que algo malo te había pasado.-Adrian la abrazó aun más fuerte.

- Dejad esto para otro momento, tortolitos. Aun quedan cosas por hacer. Tenemos que reunirnos con Ramses y Gwyneth.-Christopher se dirigió a la salida de las mazmorras seguido por Adrian y Jeannie.

- Por cierto Adrian.-Dijo Jeannie.-- Nos hemos encontrado por el camino con dos humanos. Corrían como si el mismísimo diablo los estuviera persiguiendo, a una velocidad que creo que hasta Miho hubiera tenido problemas para alcanzarlos. Uno de ellos decía que era alérgico a las fugas de prisioneros y el otro que había recordado que tenía la comida en la lumbre, que cuando apagara el fuego volvería para darnos nuestro merecido. ¿Sabes quienes son?.

- Si, eran mis centinelas. Por cierto, ¿dónde están los demás?, ¿y qué ha pasado con El-Razid?.

- Ese bastardo nos ha vapuleado a base de bien.-Contestó Jeannie.-- Tiene una especie de lanza mística que le hace inmensamente poderoso. Ha envenenado a Wolfgang, Larson, Miho y Rock, Roberto se los ha llevado a Babel para curarlos con el Grial y Gwyneth y Ramses están...--Un ensordecedor rugido resonó por toda la estancia. Las frías y vacías paredes de las mazmorras hicieron que el ruido aumentara aun más, los tres compañeros se llevaron las manos a los oídos.-- ¿Qué demonios ha sido eso?.

- Con el ajetreo de los últimos minutos se me ha olvidado decíroslo. Llevo todo el día escuchando el mismo rugido, creo que viene de uno o dos pisos por debajo. Escuché a los centinelas que guardaban mi celda hablar entre ellos, por lo visto El-Razid tiene a un monstruo o algo así encerrado.

- ¿Un monstruo?.-El rugido se escuchó de nuevo, aunque mucho más débilmente que antes. Christopher siguió hablando.-El-Razid dijo que el libro de Maerlyn incluía dos hechizos de invocación. Ese rugido me resulta familiar.--Christopher se tocó su corta barba blanca pensativo, acto seguido dio media vuelta en dirección hacia el lugar donde provenían los rugidos.-Vamos jovenzuelos, seguidme. Yo iré delante.

- ¿Pero que dices?. Gwyneth nos dijo que nos reuniéramos con ella y con Ramses. ¿A dónde vamos?.

- Si ese monstruo es lo que creo que es, tenemos que asegurarnos de que El-Razid no lo usará para sus retorcidos propósitos.-Contestó Christopher.

 

XV

NO SE EXPLICABA QUE ERA lo que había podido ocurrir. Cuando ya casi había derrotado a esos vampiros infieles, el poder de la lanza abandonó su cuerpo. Mohamed El-Razid se había visto obligado a huir. Sabía que lo estaban persiguiendo. Se sentía inmensamente cansado y sudaba copiosamente, escuchaba los latidos de su corazón, anormalmente rápidos y jadeaba casi sin aliento. Su sangre hervía en su interior y parecía querer salir a borbotones de sus venas, solo su fuerza de voluntad le impedía desplomarse en el suelo. Estaba apunto de llegar a la cueva y al lago subterráneo. Se obligó a si mismo a andar más rápido, el Príncipe se apoyaba en la lanza al caminar. De repente se detuvo, alguien estaba susurrando palabras en su interior, en un idioma que El-Razid nunca antes había escuchado.

Unas imágenes empezaron a pasar por delante de sus ojos. La antiquísima cámara Hebrea que llevaba a la cueva desapareció y El-Razid se encontró flotando, rodeado de estrellas por todas partes. Bajó la vista y vio una esfera de color azul; con una velocidad cegadora la esfera desapareció de su vista. Vio más esferas pasar por delante suya, una de color rojo, otra rodeada de lo que parecía ser un anillo... cuando hubo pasado seis de esas esferas un enorme agujero negro surgió delante del Príncipe; El-Razid se vio absorbido por ese agujero. Lo que vislumbró luego no podía comprenderlo, en realidad no comprendía donde estaba. Lo único que sabía era que estaba rodeado de estrellas, de estrellas y de algo más... La voz volvió a hablar en su interior.

<La Estrella-Alma, yo soy la llave. Yo nací con el Universo. Un Avatar me atrajo hacia este sistema solar. El Universo se está muriendo. Tu puedes ser el nuevo creador. Tu, Mohamed El-Razid, tienes la posibilidad de rehacer la creación. Tu puedes entrar en la estrella-alma. Solo tienes que dejar que tome el control de tu cuerpo y serás más poderoso que los Iluvatares, más poderoso que los dos hermanos Avatares. Tu puedes...>

- ¿Qué truco es este?.-El-Razid expulsó la voz susurrante de su mente, sujetó la lanza con fuerza, las estrellas y la basta negrura del espacio desaparecieron y de nuevo se encontró en la cámara Hebrea.-No pienso darte el control. ¡Yo soy tu amo!. ¡Es la voluntad de Alá!, ¡así que en su nombre te ordeno que me des de nuevo el poder de castigar a los infieles!.

El Príncipe gimió de dolor cuando el poder de la lanza volvió a recorrer todo su cuerpo. Empezó a toser copiosamente, se llevó la mano a la boca y cuando la apartó estaba llena de sangre. Sin embargo El-Razid sonrió.

Volvía a tener el poder. La furia de Alá caería sobre los traidores infieles. Se dirigió hacia la cueva, allí los esperaría y acabaría con ellos.

Vamos a la continuación de este Capitulo

 

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