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SENDERO DE SANGRE

Por Quino-Wan

(Volvamos a la segunda parte del Capitulo 3 )

EPISODIO 1: LA GUERRA DEL GRIAL

Capitulo 3: La Orden de las Cenizas Amargas

 

XVI

- ESPERAD UN MOMENTO.-DIJO CHRISTOPHER mientras alzaba el brazo.

- ¿Qué sucede?.

- Fijaos en eso.

Christopher, Adrian y Jeannie se dirigían hacia el lugar del que provenían los rugidos, los cuales a medida que pasaba el tiempo iban perdiendo intensidad hasta que llegó un momento en que se apagaron. Los tres compañeros se detuvieron frente a una habitación, Christopher entró en ella seguido de Adrian y Jeannie. La habitación parecía ser una biblioteca, había una gran mesa de lectura con un solo libro encima de ella. El libro estaba abierto por la mitad, la pagina de la izquierda contenía caracteres en el lenguaje de la magia, la pagina de la derecha contenía un dibujo. Un dibujo de la Lanza de Longinos.

- ¿Crees que este es...-Dijo Jeannie sin acabar la frase.

- ¿El libro de Maerlyn?. Parece obvio que lo es. ¡NO LO TOQUES!.-Dijo Christopher agarrando la mano de Adrian cuando este se disponía a coger el libro.-Perdí a un hijo por culpa de uno de los artefactos de ese condenado mago. Mejor es que lo dejemos donde está. O lo quememos.

- ¡Pero no podemos hacer eso, Christopher!. Si El-Razid decía la verdad en este libro no solo se encuentra el hechizo para invocar la Lanza, también tiene respuestas a la razón por la que no nos afecta la luz del sol... respuestas a lo que somos en realidad.-Jeannie miró el libro intensamente mientras hablaba.-Con este libro podemos hacer que la conquista de Europa y la caída de la Iglesia sean un juego de niños. ¿No es eso lo que queremos?.

- ¡Mi hijo Elrich cayó bajo el influjo de una bola de cristal creada por ese endemoniado mago, y eso fue su perdición!. No pienso quedarme de brazos cruzados mientras a uno de mis compañeros le pasa lo mismo. Voy a quemar este libro ahora mismo.-Christopher se dirigió a uno de los hacheros, que contenía una antorcha encendida. La cogió y cuando se giró vio a Adrian cerrando el libro y levantándolo sin problemas.

- ¿Lo ves, Christopher?. No pasa nada.-De repente el libro encogió hasta tomar el tamaño de la palma de una mano.-- ¡Woa!. ¿Habéis visto esto?.

- De acuerdo, nos lo llevaremos.-Christopher suspiró resignado.-- Pero Adrian, al más mínimo síntoma de que algo vaya mal reduce a cenizas ese libro, ¿entendido?.

- Entendido.-Adrian guardó el menguado libro en uno de los bolsillos de su andrajosa camisa. Luego los tres compañeros salieron de la biblioteca y volvieron a ponerse en camino.

- ¿Qué es ese olor?.-Dijo Jean encogiendo la nariz.

- Es azufre.-Contestó Christopher.-Estad atentos, ya falta poco.

XVII

GWYNETH KAISER DIO UN GRITO de dolor y se desplomó en el suelo, Ramses acudió rápidamente a socorrerla.

- ¿Qué ocurre, Gwyneth?.

- Es... estaba escuchando los pensamientos de El-Razid cuando algo...una presencia se introdujo en su mente... jamás he sentido nada igual. Creo que El-Razid ha recuperado sus poderes, sin embargo su cuerpo está diezmado. Parece que no aguanta la tensión del poder de la lanza; está en una cueva, al parecer en esa cueva hay un lago subterráneo que suministra agua a la ciudad.

- Bien, es el momento de detenerlo.-Ramses ayudó a Gwyneth a incorporarse.-Sé como hacer que la lanza deje de tener influencia en él... pero necesitaré tiempo para prepararme y deberé tener la lanza a la vista... Tendrás que enfrentarte a él e

impedir que se acerque a mí y tenga que romper la concentración... ¿Podrás hacerlo?.

- Por supuesto, ¿cuánto tiempo necesitaras?.

- Cinco minutos, quizás algo más.-Respondió Ramses.

- No te preocupes, podré contenerlo.

Ramses y Gwyneth siguieron avanzando hasta que llegaron a la ultima estancia de las catacumbas. Cuando la atravesaron se encontraron en una inmensa cueva natural. Enormes estalactitas y estalagmitas surgían del techo y el suelo, muchas de ellas se habían convertido en inmensas columnas de piedra después de millones de años de crecimiento. Un inmenso lago ocupaba casi toda la cueva, un lago que se perdía en el horizonte. La cueva estaba iluminada por una fantasmal luz azul la cual surgía del lago. Mohamed El-Razid se encontraba de píe e inmóvil a orillas del lago. Tenía la espalda arqueada y se apoyaba trabajosamente en la lanza. Un hilo de sangre surgía de su boca, estaba jadeando y totalmente empapado en sudor. Sus ojos increíblemente inyectados en sangre miraban a los dos compañeros con un odio inconmensurable. Ramses se detuvo, se sentó, encogió las piernas y miró a la lanza con firmeza. Gwynet desenvainó su espada corta y se dirigió al encuentro de El-Razid.

- Vaya... tu compañero... es un cobarde... mandar a una mujer... a luchar en su... lugar.-Dijo El-Razid entre jadeos.

Gwyneth observó al príncipe detenidamente. Parecía que su poder había menguado notablemente. Aunque la mujer no podía usar sus poderes mentales contra él en esta ocasión si podría usar su otro don: el control del agua. Se concentró, sintió el rió subterráneo que desembocaba en las profundidades del lago, sintió la humedad concentrada en el ambiente que se condensaba en las inmensas y puntiagudas columnas de piedra. Esta vez se encontraba en igualdad de condiciones frente a El-Razid. Esta vez el príncipe no saldría indemne de la lucha.

- Estas acabado El-Razid. No saldrás con vida de esta cueva.

- ¿Eso... crees?. Bien... comprobémoslo.

El-Razid agarró con fuerza la lanza y cargó contra Gwyneth a una velocidad cegadora. Gwyneth detuvo con su espada el primer envite, el arma resistió el golpe; quizás debido a que El-Razid estaba debilitado la lanza ya no destruía armas al entrechocarse con ella. Intercambiaron golpes entre ellos, pero el Príncipe era mucho más rápido de ella y logró herirla en dos ocasiones. Gwyneth trató de poner distancia entre ellos; alzó una mano y un gran chorro de agua a presión surgió del suelo y se precipitó hacia El-Razid, el Príncipe perdió el equilibrio y se vio arrastrado por el agua hasta caer en el lago. Gwyneth aprovechó el poco tiempo que ahora disponía, hizo que otro chorro de agua emergiera a sus pies y con su ayuda se impulsó hasta el techo de la cueva, puso sus manos en una de las inmensas y resbaladizas estalactitas. El agua que recorría la inmensa mole de piedra hizo en un segundo el trabajo de cientos de miles de años, fragmentó la piedra en múltiples y afilados trozos y Gwyneth los dirigió contra El-Razid, el cual acababa de salir del lago.

- Espero que esto no sea todo lo que sabes hacer.-El-Razid alzó una mano y los grandes y afilados guijarros se estrellaron contra una barrera invisible. Después alzó la lanza de la que surgió una columna de energía negra que impactó a escasos centímetros de Gwyneth quien fue alcanzada por la onda expansiva. La mujer cayó al suelo retorciéndose de dolor.

- Se acabó.-El-Razid propinó un doloroso puntapié en el estomago de la mujer, pisó su cuello y alzó la lanza preparado para darle el golpe de gracia. Ramses miraba impotente la escena sin poder actuar. Si rompía su concentración ahora, todo estaría perdido...

 

XVIII

- PARECE QUE ESTAMOS MUY CERCA.-Dijo Christopher. Los tres compañeros se encontraban en un pequeño pasillo en el que a duras penas se podían mantener erguidos. El final del pasillo estaba envuelto en la oscuridad. Un fuerte olor a azufre así como una enorme respiración jadeante reverberaban en las paredes del angosto pasillo.

- Adrian, necesitamos luz.

- Bien.-Adrian incendió y alzó su mano. Cuando la luz de las llamas permitió que vieran el final del pasillo los tres compañeros se quedaron helados...

- Un enorme ojo, un ojo que ocupaba toda la abertura en la cual terminaba el pasillo, les miraba fijamente. Todo sucedió muy deprisa, el ojo desapareció, unas enormes fauces aparecieron en su lugar. De repente los compañeros empezaron a ser absorbidos hacia el interior de esas fauces.

- ¡Es un dragón!.-Gritó Christopher.-- ¡Está cogiendo aire, nos va a carbonizar!.

Los compañeros intentaron escapar pero no pudieron, la fuerza de succión hacía que a duras penas pudieran aguantar la absorción de las inmensas mandíbulas que amenazaban con tragarles. La succión se interrumpió, en el escaso segundo de tiempo que tardó el dragón en vomitar el fuego Adrian actuó rapidamente, se puso delante de sus compañeros y extendió sus manos. Aunque las llamas que ahora se precipitaban sobre él expedían un abrasador calor que nunca antes había sentido tenía que salvar a sus compañeros. Gritó de dolor mientras su cuerpo absorbía las llamas. Cuando en unos segundos que parecieron eternos todo acabó Adrian se desplomó en el suelo, Jeannie y Christopher lo cogieron y se dirigieron a toda velocidad al sitio por el que habían entrado a ese pasillo, doblaron una esquina y se pusieron a cubierto.

- ¡Adrian, Adrian!. ¿Cómo estas?.

El joven vampiro tenía la piel quemada, su pelo y sus ropas se habían carbonizado, abrió los ojos y habló mientras pequeñas columnas de humo salían de su boca.

- Es... estoy bien. Un poco chamuscado pero bien.-Tosió levemente y se palpó el pecho, ahora desnudo.-- ¡Oh, no!. El libro de Maerlyn. Maldita sea.

- No te preocupes. Era mejor que se quemara, créeme. Volvamos al pasillo, tenemos que...

- ¿Estas loco?. No pienso volver allí para que ese bicho nos carbonice.-Jeannie hablaba indignada.-Además, ¿porqué nos has traído?. Tendríamos que habernos reunido con Ramses y Gwyneth.

- Oh, vaya. Mi pelo.-Dijo Adrian mientras se palpaba la cabeza.

- Esta bien, escuchad. Ese "bicho" es un Uloki.

- ¿Un qué?.

- Un Uloki, un dragón. Reconocí el rugido nada mas escucharlo y decidí venir inmediatamente.-Christopher se sentó en el suelo, estaba ligeramente fatigado.-Se supone que los Uloki no pueden abandonar las Tierras Yermas y temí que El-Razid hubiera encontrado la manera de traerlos. Pero parece ser que no. Ese dragón se está muriendo.

- ¿Las Tierras Yermas?, ¿el sitio donde encontrasteis el Santo Grial?.

- Si, eso fue antes de que vosotros os unierais a la Orden. Según cuenta la leyenda, en los albores de la creación las Tierras Yermas eran conocidas como el Paraíso Terrenal; el sitio donde Adán y Eva traicionaron a Dios. El caso es que Dios anuló el aliento vital de todas las especies que allí habitaban y abandonó la creación, indignado por la traición de sus hijos. Pero Lilith, la primera humana que Dios creó y a la que cometió el error de otorgarle parte de su omnipotencia volvió a dar vida a las especies, tanto animales como vegetales, que yacían en el Paraíso Terrenal y

las extendió sobre la faz de la Tierra. Es por eso por lo que se la llama la Madre Naturaleza.-Christopher volvió a incorporarse.-Y luego vino la Guerra de las Brujas, en la que Lilith decidió acabar con la especie humana, pues vio que en el futuro se convertirían en la Peste del planeta y exterminarían a las demás especies del mundo. Creó a los Uloki y a muchas otras terribles criaturas y las llevó a la guerra contra la humanidad... y contra los vampiros. El caso es que Lilith fue derrotada y las criaturas que ella creó expresamente para acabar con la especie humana empezaron a morir al faltar la presencia de la Madre Naturaleza en el planeta. Pero en las Tierras Yermas, el sitio donde la esencia de Lilith aun es muy fuerte, pueden sobrevivir. Así que allí es donde estos monstruos están ahora, en el lejano norte, muy por encima de las Estepas Rusas. Y afortunadamente para la humanidad no pueden abandonar su morada, pues morirían a las pocas semanas.

- ¿Entonces es por eso por lo que el dragón se está muriendo?. ¡Auch!.-Adrian se quejaba mientras Jean le arrancaba pequeños trozos de piel quemada.

- No te muevas. De todas maneras no estas tan herido, so quejica. Cuando volvamos Roberto te dejará como nuevo.

- Parece ser que El-Razid pensaba utilizar al dragón en su cruzada contra nosotros para así equilibrar fuerzas. Si el dragón hubiera estado pleno de salud la superioridad numérica de nuestro ejercito no habría servido de nada. Pero al parecer ignoraba que la criatura no puede sobrevivir fuera de las Tierras Yermas. Bien, quedaos aquí. Iré a liberar al dragón.

- ¿Pero que dices?. Te carbonizará en cuanto te asomes.

- Y yo no puedo volver a absorber tal cantidad de fuego... al menos en un tiempo.

- No os preocupéis, hablaré con él. Los Uloki no pueden articular palabras, al menos no pueden articular palabras que nosotros podamos entender, pero sí comprenden el lenguaje humano, además muchos de ellos pueden hablar directamente a la mente.

- ¿Seguro que sabes lo que haces, Christopher?.-Dijo Jean preocupada.

- Por supuesto. No os asoméis, se pondría aun más nervioso.

Christopher volvió al lugar donde vieron al dragón. El gran ojo de la criatura volvió a observarle, pero en esta ocasión bajó la cabeza. Christopher llegó al final de lo que parecía ser el túnel de ventilación, ya que la gigantesca cámara en la que se hallaba la criatura no parecía tener ningún otro orificio. Christopher se encontraba a varias decenas de metros del suelo, era obvio que no podía bajar, pero tampoco tenía intención de hacerlo. La criatura estaba tumbada en el suelo, alternando una débil respiración con pequeños gemidos de dolor. La escasa luz de la estancia, que únicamente entraba por el pasillo que estaba a sus espaldas, no permitía a Christopher ver al dragón en todo su esplendor, pero aun así lograba vislumbrar sus rasgos. Era de color rojo; un dragón de fuego, pensó Christopher, y bastante grande. Tenía uno de los cuernos partidos, sin duda había tratado de derribar el techo para poder salir. Una criatura de su fuerza, aunque estuviera débil, podía haber echado el techo abajo sin problemas; pero Christopher observó varias runas mágicas pintadas a lo largo y a lo ancho de toda la estancia. Sin duda la cámara estaba sellada mágicamente. El-Razid había pensado en todo. El dragón alzó su cabeza después de un gran esfuerzo y miró fijamente al vampiro. Christopher escuchó una voz en su mente.

< ¿Qué quieres, Vampyr?, ¿has venido a regocijarte de mi sufrimiento?. He consumido mis ultimas fuerzas, ha llegado mi hora. Solo lamento el no poder dar muerte al miserable humano que me ha encerrado aquí. Si te queda algún rastro de bondad, mátame y acaba con mi sufrimiento.>

- No vengo a matarte, hijo de Lilith, sino a liberarte.

< ¿Liberarme dices?. Jeh. ¡Los Vampyr fuisteis junto a los Yaskani nuestros

peores enemigos!. ¿Por qué ibas a liberarme?.>

- Porque estoy en deuda con tu especie. Me llamo Christopher Johansen. Formo parte de la Orden de las Cenizas Amargas.-Christopher golpeó levemente su mano con

el puño cerrado en la cota de malla, a la altura del corazón, en señal de saludo.

< ¿La Orden de las Cenizas Amargas?... lo recuerdo. Vosotros fuisteis los Vampyr que entrasteis en las Tierras Yermas, buscando uno de los artefactos del Dios de los humanos. Entre los Uloki se decía de vosotros que erais gente de un gran honor.-El dragón movió su cabeza lentamente, en señal de asentimiento.-- Mi nombre es Reknar, hijo de Khatak. >

- ¿Eres el hijo de Khatak?.-Christopher abrió los ojos de par en par, sorprendido.- Gracias a tu padre obtuvimos la aprobación del Alto Consejo en nuestra petición de ayuda contra los Yirch. Escucha Reknar, hijo de Khatak. Traeré aquí al humano que te ha encerrado para que te tomes justa venganza.

< Me temo que ya no hay tiempo para eso, lord Christopher. Mi vida se apaga. Solo te pediría un ultimo favor. Mi raza, los Filoki, adoramos el Sol. Me gustaría verlo por ultima vez, volar libre por ultima vez. Se decía que los miembros de vuestra Orden poseían grandes poderes. ¿Podríais anular el sello mágico?.>

- Por supuesto. ¿Puedes alzarme para que pueda tocar el techo con mis manos?.

Reknar se incorporó trabajosamente. Aunque el lugar donde estaba encerrado tenía unas dimensiones asombrosas, el dragón ni siquiera podía estirar las alas, debido a su inmenso volumen. Reknar estiró su zarpa hasta el conducto de ventilación en el que se encontraba Christopher y extendió sus garras. El vampiro subió y fue alzado hasta el techo, donde posó sus manos. Christopher poseía el don de volverse invisible e insustancial, también podía volver invisible cualquier ser vivo u objeto que llegara a tocar con sus manos; así que usó sus poderes para hacer que el techo se volviera inmaterial. Ya que en teoría el gigantesco techo de piedra seguía estando ahí, los sellos mágicos no actuaron. Después de unos minutos consiguió abrir una abertura suficiente para que el dragón pudiera salir por ella, la luz del Sol entró en la cámara. En el exterior se escuchaban los ruidos propios de una batalla: el entrechocar de las espadas y el alto rumor de gritos mezclados. Sin duda el ejercito de Melkaia se estaba enfrentando a los hombres de El-Razid.

< Muchas gracias, noble caballero. Que la bendición de la Madre Naturaleza caiga sobre ti y sobre tus compañeros.>

Reknar volvió a posar a Christopher en la entrada del conducto de ventilación. Acto seguido y con el ultimo aliento de vida que le quedaba dio un fuerte rugido, utilizó sus poderosos miembros delanteros para salir de su celda e impulsarse hacia arriba, extendió sus enormes alas y tomó altura rápidamente.

Christopher volvió al lugar donde sus dos compañeros se encontraban y vio a Jean correr hacia él con la ballesta en sus manos.

- ¿Estas bien?. He escuchado un rugido ensordecedor y temía que ese bicho te hubiera transformado en un montón de cenizas humeantes...

- No me ha pasado nada.-Christopher hablaba con voz melancólica.-Vamos, tenemos que encontrar a Ramses y Gwyneth y acabar con El-Razid de una vez por todas. ¿Cómo te encuentras, Adrian?.

- Estoy bien.-Adrian se incorporó trabajosamente.-Solo estoy ligeramente mareado.

- Apoyate en mí.-Jean le rodeó los hombros con su brazo.

- Adrian, tápate las vergüenzas. ¿No ves que hay señoritas delante?.-Christopher desabrochó su capa y se la tendió a Adrian.-En marcha. El-Razid tiene una vida más por la que pagar y estoy deseando cobrársela.

 

XIX

NI SIQUIERA ESTABA CANSADO. ABDUL Ed-Harar llevaba casi media hora luchando contra los hombres de El-Razid, pero debido a que el ejercito de Mahoma superaba ampliamente en numero a sus enemigos se había podido preocupar más en cubrir a su hermano. Aunque en esos instantes Ramad se las estaba arreglando bastante bien. Tenía varios cortes, uno de ellos profundo; pero no le dejarían más que algunas cicatrices. Ya habían acabado con un cuarto de los hombres de El-Razid, sin embargo estos no se rendían. Tal y como se estaba desarrollando la batalla Abdul estaba seguro que tendrían que acabar con todos y cada uno de sus enemigos ya que estos no se rendirían, en sus ojos había una fe ciega y un odio atroz hacia sus enemigos. Abdul sentía que esto fuera así, ya que algunos de los que ahora eran sus enemigos habían luchado a su lado para arrebatar Jerusalén a los Cristianos; pero expulsó esos pensamientos de su mente, después de todo se habían cegado ante las palabras de un Príncipe traidor a Mahoma, por lo tanto merecían morir. Abdul puso sus cinco sentidos en la batalla y dejó de estar pendiente de su hermano, convencido de que ya se las podía arreglar solo.

Un enemigo venía por su derecha con la intención de arrancarle el brazo de un fuerte mandoble, Abdul detuvo la estocada, dio un giro y cerceno la cabeza de su enemigo; una flecha pasó silbando por su mejilla, Abdul se dio cuenta que había dos arqueros apostados detrás de un carromato volcado; rodeó el carromato mientras detenía y esquivaba algunas embestidas y dio muerte a los arqueros por la espalda. El ruido de gritos mezclados con el entrechocar de las espadas era ensordecedor, el olor a sangre y polvo levantado por la batalla entraban en sus fosas nasales. Otro enemigo llegó con la intención de atacarle por la espalda, Abdul esquivó el mandoble, la cimitarra de su enemigo quedó clavada en el carromato, rápidamente Abdul cortó a su enemigo a la altura de la cintura, con lo que sus intestinos quedaron desparramados por el suelo; un arquero montaba una flecha en su arco y apuntaba a Abdul a varios metros de él, Abdul agarró con fuerza la cimitarra con las dos manos y la lanzó hacia su enemigo, el arma se le clavó en el pecho y lo tiró hacia atrás; rápidamente arrancó la cimitarra que se había clavado en el carromato y se dispuso a seguir atacando. Entonces, un rugido ensordecedor apagó todos los demás ruidos de la batalla. Algo pareció oscurecer el Sol por unos momentos.

Todos, tanto aliados como enemigos, se quedaron inmóviles y miraron hacia el cielo, una enorme y asombrosa criatura tapaba con su increíble volumen la luz del Sol mientras volaba trazando arcos. Otro ensordecedor rugido surgió de su garganta, luego sus alas quedaron inmóviles y se precipitó a gran velocidad hacia el suelo. Los hombres, al ver que la criatura se estaba desplomando, empezaron a correr en todas intenciones por el temor de morir aplastados. La criatura cayó al suelo con gran estrépito, la tierra tembló a causa de la caída y una nube de arena y polvo lo cubrió todo. Pasaron varios minutos, un silencio sepulcral envolvió el campo de batalla, cuando la arena y el polvo se hubo disipado las dos facciones miraron temerosas a la asombrosa criatura moribunda. Abdul había visto dibujos en libros que se suponía que eran fábulas para entretener a los niños y reconoció a la criatura; era un dragón. Se acercó al inmenso monstruo, tan solo sus ojos ya le doblaban en estatura, unos ojos que miraron por ultima vez a su alrededor. Tanto Abdul como el resto de los hombres que minutos antes se estaban masacrando escucharon una voz en sus cabezas.

< Hermanos matando a hermanos, humanos matando a humanos. En verdad la especie de los hombres es la más sanguinaria sobre la faz de la tierra, vuestra sed de sangre es tal que no tenéis bastante con masacrar otras especies y tenéis que mataros entre vosotros, con excusas tan vanas como el color de la piel o la creencia en un Dios o en otro. Os jactáis de ser los elegidos por vuestros Dioses para dominar la Tierra gracias a vuestra inteligencia, y sin embargo tenéis una capacidad mental digna de un asno y lo demostráis día tras día. La inteligencia de la que os jactáis no es vuestra mejor bendición, sino vuestra peor maldición...>

La criatura exhaló su ultimo aliento. Sus enormes ojos se quedaron vacíos, los enemigos se miraron unos a otros, nadie decía o hacía nada, aunque algunos pensaban que tenían que seguir matándose entre ellos, algunos pensaban que era lo correcto, que era lo que tenían que hacer. El que unos no creyeran que Mahoma había resucitado, el que otros no vieran que ese Mahoma era en realidad un impostor. Esa era razón más que suficiente para seguir masacrándose entre ellos. Después de todo, a lo largo de la historia de la humanidad, razones más absurdas habían llevado a matanzas aun mayores...

 

XX

GWYNETH ESTABA EN SERIOS APUROS, el veneno o lo que fuera que esa maldita lanza producía estaba empezando a hacer mella en su cuerpo. El-Razid le clavaba el pie en el cuello y se disponía a darle el golpe de gracia. Gwyneth volvió a llamar a su control sobre el agua, tres chorros surgieron del lago, dos de ellos se introdujeron en El-Razid por cada uno de los orificios de su nariz, cuando abrió la boca intentando respirar, el tercero se metió por su garganta, ahogándole. El Príncipe quitó el pie del cuello de Gwyneth e intentó cubrirse la cara con las manos, pero el agua seguía entrando en sus orificios respiratorios. Gwyneth se levantó trabajosamente y con sus ultimas fuerzas clavó su espada atravesando la espalda de El-Razid, el Príncipe se giró rápidamente y le dio un tremendo puñetazo que hizo que Gwyneth saliera despedida y se estrellara contra una de las paredes de la cueva. El-Razid se quitó la espada que tenía clavada dando grandes gritos de dolor, luego clavó la lanza en el mismo lugar, cuando la sacó de su cuerpo la mortal herida había desaparecido.

- Maldita... puta... eso... me ha... DOLIDO.-El-Razid se acercó a Gwyneth exhalando muerte y odio por cada uno de los poros de su cuerpo. Gwyneth intentó moverse pero no pudo. Los ojos del Príncipe estaban totalmente rojizos, su masa muscular había aumentado más del doble y todo su cuerpo estaba cubierto de venas que latían con fuerza.-Pensaba matarte rápidamente, pero he cambiado de idea. ¡Te desollaré viva y te arrojaré al mar muerto!. ¡Te sacaré el corazón por la boca y te lo meteré por el...

El-Razid vio por el rabillo del ojo una especie de borrón con forma humana que se acercaba rápidamente hacia él, lo siguiente que sintió fue un tremendo impacto en el rostro y su cuerpo se estrelló contra la roca. Luego vio al Egipcio, había agarrado su lanza. El-Razid la sujetó con toda su fuerza y trató de que Ramses la soltara. El Egipcio empezó a recitar extrañas palabras, El-Razid se dio cuenta de que estaba hablando en el lenguaje de la magia. Alarmado, el Príncipe vio como la lanza brillaba y sintió como su poder le abandonaba poco a poco. No podía permitirlo, dio un fuerte puntapié al estomago del Egipcio, pero era como golpear una montaña de dura roca; juntó todas sus fuerzas y con las dos piernas unidas le propinó un tremendo golpe en el pecho. Esta vez si surtió efecto, el Egipcio se vio impulsado hacia atrás con una velocidad tremenda, pero antes de impactar contra la roca extendió los brazos y se paró en seco en el aire; luego descendió al suelo suavemente.

- Bueno, parece ser que tendremos que resolver esto al modo tradicional.

- Estoy preparado, perro infiel.-Bramó El-Razid.

Grandes olas de dolor invadían a Gwyneth, la cual luchaba por no perder el conocimiento; vio como Ramses cogía impulso y se desvanecía en el aire, inmediatamente El-Razid hacía lo mismo. Pero Gwyneth sabía que los dos adversarios no habían desaparecido sino que se movían a demasiada velocidad como para ser captados por el ojo humano.

Ramses cargó contra El-Razid, evitó su estocada y le propinó una fuerte patada en el cuello; El-Razid salió disparado y se hundió en el lago. Ramses esperaba que luchar en las profundidades del lago le diera ventaja, ya que los vampiros no necesitaban respirar. Se zambulló en el agua, la luz azul era allí muy intensa y parecía provenir de las profundidades. Giró la cabeza a derecha e izquierda, buscando a El-Razid, el ataque llegó por detrás. El Príncipe le dio una fuerte patada en la espalda, Ramses se hundió todavía más, hasta estrellarse en el fondo del lago. Para su sorpresa vio que el fondo del lago era totalmente liso, parecía estar echo de un extraño material de color negro. Numerosos símbolos cubrían su superficie, la luz azul provenía de esos símbolos. Ramses recordó ver algo parecido en su país... en el sitio sobre el que se construyó la pirámide de Keops. Se incorporó y miró hacia arriba, El-Razid volvía a atacar; por lo visto ahora él tampoco necesitaba respirar; el Príncipe sonreía, como dándole a entender a Ramses que el mismo truco no funcionaría dos veces contra él. Ramses volvió a esquivar la embestida del Príncipe y le propinó un tremendo puñetazo en el estomago; El-Razid salió despedido hacia arriba y Ramses subió con él. Cuando ambos salieron del lago el Egipcio le dio una fuerte patada lateral y El-Razid se estrelló contra el suelo, quedando empalado en una de las esquirlas de roca que Gwyneth le lanzó antes.

El-Razid se desclavó por si mismo y volvió a introducir la lanza en el gran boquete que se había abierto en su pecho. Nuevamente su tremenda herida se cerró milagrosamente. Con un rugido de rabia el Príncipe hizo que un rayo de energía negra surgiera de la lanza, Ramses lo esquivó con una finta a la izquierda, pero esta vez el rayo también giró a la izquierda e impactó de lleno en el cuerpo del Egipcio que cayó rodando al suelo; Ramses se levantó trabajosamente, una gran quemadura negra cubría todo su pecho, entonces El-Razid enloqueció.

El volumen de su cuerpo aumentó aun más. Los músculos sobrecogedoramente hinchados desgarraron su ropa. Las venas de su cuerpo, no pudiendo soportar más la presión, empezaron a reventar escupiendo grandes chorros de sangre. La lanza empezó a disparar rayos negros en todas direcciones, Ramses se echó sobre la desmayada Gwyneth para protegerla con su cuerpo; el ruido de los rayos al impactar a lo largo de toda la estancia subterránea era ensordecedor, la tierra temblaba de tal manera que parecía estar anunciándose el fin del mundo. Después de dos minutos se hizo el silencio.

Ramses se incorporó, el pecho empezaba a dolerle. Había sido herido por primera vez en milenios y pronto el veneno de la lanza invadiría su cuerpo, tenía que acabar con El-Razid antes de que eso sucediera, cuando vio en lo que se había convertido el Príncipe se quedó con la boca abierta.

El-Razid se había convertido en poco más que una gran masa de carne informe que sangraba por todos lados. El Príncipe se acercó hasta Ramses arrastrándose

trabajosamente, aun sujetaba la lanza con uno de sus abominables brazos.

- ¿AunNn... Nno hAaAs TtiDo BsssTTannTTe, peRrrRo InnfEel?.-El-Razid trataba de hablar, pero de su boca solo salían balbuceantes palabras.-Yy ssy eLLeGGiddo pRr Aalaa...GGGAAKKK!!!.

La montaña informe en la que El-Razid se había convertido reventó. Montones de carne y sangre salieron despedidos en todas direcciones. Ramses respiró aliviado, todo

había terminado; se dispuso a intentar reanimar a Gwyneth cuando sintió una aterradora

energía oscura crecer detrás de él. Se dio la vuelta y vio a la Lanza de Longinos; estaba suspendida en el aire y le apuntaba directamente al cuello, acto seguido se impulsó a velocidad cegadora. Ramses no intentó esquivarla, sabía que eso era inútil; la sujetó con ambas manos y se vio arrastrado hasta estrellarse en la pared de roca. La lanza seguía intentando atravesarle el cuello; a pesar de su inmensa fuerza, Ramses apenas podía contenerla. Pasaron varios segundos, cuando las fuerzas estaban a punto de abandonar a Ramses la lanza se impulsó hacia atrás; el Egipcio se desplomó en el suelo agotado, mirando la lanza fijamente. Entonces la lanza se puso en posición vertical y empezó a girar sobre si misma a gran velocidad, después se impulsó hacia arriba atravesando el techo de la cueva con gran estrépito y desapareció.

 

XXI

Alguien llamaba a Gwyneth, la mujer abrió los ojos con esfuerzo y vio el rostro de su compañero Ramses, el cual la sostenía en brazos. El Egipcio sonrió al ver que seguía viva.

- ¿Cómo te encuentras jefa?.

- Bueno... me duelen partes del cuerpo que ni siquiera sabía que existían.-Dijo Gwyneth débilmente.-- ¿Cómo ha ido todo?. ¿Dónde esta El-Razid?.

- Ha muerto, la lanza ha acabado consumiéndole.

- ¿Y la lanza?.

- Ha escapado, ahora descansa. Te llevaré a la fortaleza de Melkaia para que curen tus heridas.

Gwyneth cerró los ojos. En ese momento Christopher, Adrian y Jeannie entraron en la cueva y respiraron aliviados al ver que sus compañeros seguían vivos.

- Sentimos haber tardado.-Dijo Christopher.-Ha habido un gran temblor y se ha derrumbado una parte de las catacumbas. ¿Cómo estáis?.

- Gwyneth está grave. Pero creo que se curará con el Grial.

Jeannie miró a su alrededor, la cueva estaba repleta de grandes trozos de roca desprendidos y las paredes estaban salpicadas de enormes boquetes. Adrian encogió el rostro al darse cuenta de que había pisado con sus pies descalzos uno de los trozos de carne de lo que antes había sido El-Razid y corrió al lago a limpiarse.

- Vaya, parece ser que nos hemos perdido toda una señora fiesta.-- Apuntó Jeannie.-- ¿Estos montoncitos de carne que salpican toda la cueva forman parte de lo que antes era El-Razid?.

- En efecto.-Contestó Ramses.-Bien, vosotros salid fuera a reunir al ejercito para volver a Babel. Yo me adelantaré para curar a Gwyneth.

- Pero Roberto no está aquí, y Babel está a muchas jornadas de viaje.-Adrian miró a Gwyneth y sacudió la cabeza.-No creo que lleguemos a tiempo.

- La llevaré volando, no tardaré más de media jornada en llegar.

- ¿Volando?.-Dijo Jeannie sorprendida.-- Pero si tu no sabes volar.

- Claro que sé.-Expresó Ramses.-- Solo que no me acordaba de cómo se hacía. Pero ya he recuperado toda mi memoria.

Ramses se impulsó en el aire con Gwyneth en brazos y salió por el amplio orificio que la Lanza de Longinos había abierto en el techo.

- Vaya, este Ramses es toda una caja de sorpresas.-Dijo Jeannie sonriendo.

- Bien, en marcha. Salgamos de aquí, odio la humedad. Le viene fatal a mis huesos.-Christopher se llevó una mano a la espalda con gesto cansado.

- Esperad un momento. ¿Y esa luz azulada que sale del lago?.

- Si quieres quedarte a investigarla Adrian, por mi puedes hacerlo. Yo por mi parte ya he tenido suficiente por hoy de dragones, príncipes fanáticos y lanzas infernales. Necesito unos días libres.-Christopher y Jeannie salieron de la cueva. Adrian echó un ultimo vistazo al lago y luego se apresuró a seguirles.

 

XXII

ABDUL SE ENCONTRABA EN EL exterior del palacio de Mohamed El-Razid junto al resto del ejercito de Mahoma. Después de la impresión que había tenido en todos el ver aquel enorme dragón ningún guerrero había vuelto a blandir un arma. Los hombres de El-Razid se habían rendido, muchos de ellos habían vuelto a rendir pleitesía a Mahoma y se unieron a su ejercito. El resto fueron hechos prisioneros, aunque no tardarían mucho en ser liberados ya que solo se les pedía que vivieran en paz y no dieran problemas. Las mujeres y los niños habían salido de sus escondites y todo parecía haber vuelto a la normalidad. Ahora se encontraban ante el palacio del traidor a Mahoma, sin llegar a entrar, ya que el líder de la Orden de las Cenizas Amargas había dado orden expresa de que no penetraran en el palacio.

- ¿Qué estamos esperando?.-Preguntó su hermano Ramad.

- La salida triunfal de los bebedores de sangre, por supuesto.

- Nos ha tocado vivir una época muy extraña, hermano.-Le dijo a Abdul mientras se palpaba una herida vendada que tenía en su brazo derecho.-El regreso del Profeta, el echo de que sus hombres de confianza sean extranjeros bebedores de sangre... y por si fuera poco un dragón se ha estrellado y a muerto en medio del campo de batalla... ¿Qué será lo próximo?.

- ¡Levanta ese animo!. Si los Cristianos lograron conquistar nuestras tierras fue gracias a que tenían en su bando a poderosos clérigos y hechiceros... ahora Alá a puesto a los bebedores de sangre de nuestra parte. La Yihad ha dado comienzo, ¡que tiemblen los infieles!. Vamos a devolverles todo el dolor que nos han causado.

- ¡Mirad, ya salen!.

Christopher Johansen salió al exterior. Centenares de hombres le miraban expectantes en silencio, Christopher alzó su espada y dijo a voz en grito:

- ¡El traidor ha muerto!, ¡Ahora todo el pueblo de Alá está unido bajo el brazo protector del Profeta!, ¡en breve partiremos a la conquista de Europa y destruiremos a la Iglesia!. ¡Por la victoria!.

- ¡POR LA VICTORIA!. Gritaron todos al unísono alzando sus armas.

- ¿Has visto Biggs?. ¡Todo gracias a mí!. ¿Viste como acabé con ese dragón gracias a mi famosa técnica de la Mirada Mortal Penetrante?.

- Yo... yo creía que nosotros estábamos con El-Razid.-Biggs y Wedge se hallaban en medio de la multitud que gritaba enfervorecida.

- ¿Pero que dices?. ¡Estábamos espiando a El-Razid!. Gracias a mi y a la valiosa información que he facilitado esos hombres tan simpáticos han logrado derrotarle.-Wedge volvió a golpearse el pecho mientras alzaba la cabeza orgulloso.-- ¡Y ahora, a por los Cristianos!.

- Bueno, yo mejor me retiro, soy alérgico a las multitudes enfervorecidas.

Biggs se retiró discretamente mientras Wedge empezó a estrechar las manos y besar las mejillas de la gente que tenía alrededor.

- ¡De nada, de nada!. ¡No hay de que!. ¡Solo cumplía con mi deber!. ¡Vosotros también pusisteis vuestro granito de arena!. ¿Convertirme en vuestro líder?. Bueno, me lo pensaré. ¿Queréis tener el honor de que vuestras hijas se conviertan en mis esposas?. Bien, no veo por qué no...-Los hombres se preguntaban extrañados quien era aquel tipo que les estrechaba las manos y no dejaba de hablar consigo mismo mientras lo hacía.

- ¿Cómo te sientes?.-Jeannie y Adrian se encontraban en una de las fuentes del interior del palacio, Jean estaba lavando las heridas de Adrian mientras hablaba.-- ¿Te duele?.

- No, solo me escuece un poco.-Se encontraban a pocos metros de la salida del palacio y les llegaban claramente los gritos de victoria del ejercito de Melkaia.-Me parece increíble la facilidad con la que se pueden alentar a las masas.

- Dentro de poco volveremos a Europa.

- Bueno, aquí ya no me queda nada más por hacer.-Adrian suspiró resignado.-Por más que he buscado no he encontrado a la asesina de mi familia. Espero tener más suerte en Europa.

- No te preocupes. En cuanto la iglesia haya caído pondremos todos nuestros esfuerzos en encontrarla y podrás vengarte.-Jean acarició con un dedo los labios de Adrian.-Fíjate, estas mudando la piel como las serpientes.

- ¿Ah, si?.-Adrian empujó a Jean y ambos cayeron al interior de la fuente.-Bueno, tenemos unos cuantos minutos para nosotros, ¿en que podríamos emplearlos?.

- ¿En saquear el palacio?.-Dijo Jean con una sonrisa.-He visto objetos muy valiosos...

- Nah, mejor nos saqueamos el uno al otro.

- No me parece mala idea, señor Adrian Battler.

- Bien, veamos que objetos de valor se ocultan tras sus ropajes, señora Jeannie Deveró...

(Continuará)

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