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UN VIAJE DE SUEÑOS Y ESPERANZAS 

(Segunda parte)                

Por CARLOS AGUILAR AGULLO

 

La Cueva de los Dos Mundos



CAPÍTULO VII


Al amanecer, el encantador canto de los pájaros, saludando al mundo, les acompañaba agradándoles el nuevo día. Nuestros tres valientes amigos despertaron sublimados al escuchar el canto de un precioso pájaro que les acercaba al cielo con su bello canto. Paseaba dos notas, un par de veces, con extrema sensibilidad y las combinaba con otra que suavemente bajaba hasta conectar con la primera, repitiendo la preciosa melodía con una modulación espontánea, obteniendo la sensación de poder palpar el sonido con la propia energía interior que se agrandaba compás a beso y beso a compás.

Haya, regresando al mundo terrenal dijo con tono solemne:

- Sé que no queremos hablar de esto, pero el sendero nos ha traído aquí, hasta la entrada de esta cueva que no sabemos que sorpresas puede ocultar-.

- La verdad es que hemos acabado hartos de túneles y pasadizos - dijo Mod resignado-. Aún no nos hemos recuperado de nuestra reciente horrible experiencia con aquella bestia inmunda cuando; parece ser, tenemos que pasar por otra oscura prueba. Confiemos en nosotros y adentrémonos en su interior. Al menos no tiene aspecto de ser otro pérfido monstruo.
Los tres amigos entraron en la cueva y, a escasos metros, la oscuridad terminaba de relamer la luz de sus labios. Mod y Haya habían preparado unas antorchas sabedores de lo que les esperaba. Avanzaban por aquella gruta entre el incesante revoloteo de cientos de murciélagos sorprendidos por la novedad. Parecía un viejo pasadizo utilizado por alguna antigua criatura, por una tribu acosada por algo o por alguien, que les obligaba a huir constantemente. Según progresaban por la galería, percibían en las paredes relieves que contenían el enigmático secreto de la amilanada civilización.
Se detuvieron en un tramo de aquel pasadizo para recabar información e intentar averiguar lo que podían encontrar en el exterior. Pasaron la antorcha una y otra vez sobre el relieve, pero se trataba de una escultura realizada por unas manos toscas y su interpretación resultaba muy complicada. Era realmente difícil obtener alguna conclusión sobre aquel acertijo, pero se adivinaban unos extraños animales que devoraban, por placer, a los miembros del poblado. Continuaron caminando, sin buscar más información, con la única idea de salir de allí. La sensación de claustrofobia les hacía caminar a mayor velocidad. Lo único que interesaba era salir de la cueva cuanto antes. A toda prisa. La experiencia anterior había dejado huella en nuestros amigos. De ahora en adelante evitarían por todos los medios los lugares cerrados. Buscaban espacio, aire puro y un cielo que se encontrara a la máxima distancia posible. Caminaron durante unos minutos cuando se toparon con una rudimentaria puerta hecha en forja, un descomunal portón de hierro fundido que les impedía el paso .

- Bueno, ¿Y ahora qué hacemos, Mod? - preguntó Haya abrumada por la nueva traba.

- No sé, pero las teas se están consumiendo y tenemos que encontrar la forma de pasar al otro lado rápidamente - respondió Mod.

- Esta puerta tuvo que ser la salvaguarda de la huidiza civilización que aparece en los relieves - prosiguió Mod- y no es posible que; por muchos que fueran, la elevaran a pulso para cruzar al otro extremo y quedar así protegidos por ella. Debe pesar varias toneladas.

- Entonces, ¿crees que hay algún mecanismo oculto que la consiga abrir? - preguntó Haya, más optimista esta vez.

- Si, y debemos localizarlo rápidamente, sin duda se encuentra tras estos muros - respondió Mod con voz acelerada.

Haya y Mod se dispusieron, cada uno, en un muro de la gruta, palpando cada centímetro de la misma en busca del encubierto dispositivo. La luz era prácticamente inexistente, el ascua de la improvisada antorcha era el único medio válido para poder distinguir algo en aquella sólida oscuridad. De repente, se abrió una puerta pétrea en la zona tocada por Mod .

- ¡Haya!, no sé como, pero he logrado abrir la puerta que esconde el mecanismo del portón - exclamó Mod esperanzado.

- Voy a entrar - prosiguió Mod-, mientras tanto, creo que deberías quedarte donde te encuentras para asegurar mi salida.

Mod siguió comentando la operación- Haya, llama la atención de Boli, por favor, no quisiera que entrara aquí. Esto parece un entramado de poleas con gigantescas cadenas por todas partes, la verdad es que la escasa luz me dificulta enormemente la tarea-.

Mod continuó investigando la compleja máquina cuando tropezó y cayó sobre una palanca, accionando, fortuitamente, el mecanismo del complejo dispositivo. El ruido de poleas oxidadas, cadenas y del descomunal portón ascendiendo era ensordecedor. Salió de esa especie de "sala de máquinas" a toda prisa. Haya lo esperaba con preocupación y, al observar su presencia, lo agarró por el brazo, tirando con fuerza de él para pasar cuanto antes al otro lado. Así lo hicieron, cruzaron y continuaron caminando deprisa. A escasos metros del lugar oyeron, sin mirar atrás, como descendía de nuevo la puerta, cortándoles el camino en una eventual retirada. Siguieron avanzando por la gruta, y, en pocos minutos, comenzaron a percibir una tenue luz rosada que gradualmente ganaba intensidad. Se adivinaba que el otro extremo de la cueva iba a aparecer en unos instantes.




La maravillosa gente KOOR



CAPÍTULO VIII


Así fue, esa gruta desembocaba en un precioso bosque con altos árboles de frondosas copas que impedían la penetración de los rayos del sol, obteniendo así, una temperatura espléndida y un ambiente tranquilo y armonioso. Boli estaba alterado, miraba hacia todas partes olfateando el aire con ansiedad. Presentía que algo o alguien se encontraba cerca. Haya y Mod, al verlo, pensaron lo mismo y se pusieron alerta. Siguieron caminando y llegaron a un lugar singular.

A primera vista, todo parecía normal, pero las piedras, los árboles, los montículos redondeados e incluso los enormes arbustos daban sensación de formar parte de un gran decorado, de una fantástica farsa realizada con un mimetismo excepcional. Una ornamentación que producía el efecto de albergar a cientos de salvajes deseosos de saltar sobre ellos para darles una muerte escaldada.

- ¿No será éste el campamento de aquellos híbridos sedientos de sangre? -
preguntó Mod con voz entrecortada.

- ¡Salid, colmilludas fieras!, ¡salid, aquí os espero, sangrientas criaturas del demonio! - exclamó Haya con decisión.
Comenzaron a salir de todas partes unos individuos en los que se dibujaba un rostro de una humanidad increíble. Haya se sonrojó al reconocer, al instante, el enorme error cometido momentos antes .

- Buenos días, Señores - dijo Haya sin poder evitar reírse.

- Perdonad, son los nervios. Venimos de muy lejos y no lo hemos pasado nada bien -continuó Mod, salvando la situación por el momento.

- ¡Haya, no te rías más, por Dios!, ¡Haya contrólate!. ¡JA, JA, JA, JA.!
- Mod se contagió y no pudo reprimir la risa al contemplar tal espectáculo.

- Reíd, reíd, que la risa es la maravillosa panacea que nos mantiene jóvenes y activos. Reíd y no llorar, que para eso siempre hay tiempo - exclamó un señor de barba blanca y mirada dulce.

- Perdone Señor, perdonad Señores -dijo Mod, al comprobar que Haya no podía parar de reír-. Nuestro último propósito sería el de ser irrespetuosos con vosotros, pero tengo que admitir que esto no lo hubiera esperado nunca en una persona. Realmente dais miedo, si no fuera por vuestras agradables miradas, os aseguro que habríamos salido corriendo al mismo veros, sin dudarlo ni un segundo.

- Perdonad - continuó Haya- pero después de tantos años de utopía, por fin he encontrado a alguien que me ha hecho reír, y, no por lo que creéis, sino por vuestros rostros cómplices de mi risa. Gracias a todos y perdonad mi infantil comportamiento.

Al acabar de decir estas palabras Haya se desmayó, cayendo "a plomo" al suelo. Antes de que Mod reaccionara, ya llevaban en brazos a su compañera hacia lo que parecía una enorme piedra .

- Quédate aquí, por favor - le dijeron a Mod al llegar a la puerta de la guarida.

Entraron unos cuantos individuos en aquel lugar y los demás quedaron en silencio, apesadumbrados por el acontecimiento. Un miembro de la tribu se acercó a Mod y le ofreció un cuenco de comida, una especie de puré basado en variadas plantas silvestres. A continuación dejó otros dos cuencos en el suelo, uno de comida y otro de agua, para nutrir a Boli .
Mod le preguntó - ¿Y Haya?, ¿Cómo se encuentra?-.

- No te preocupes por ella, está en buenas manos- le contestó su improvisado camarero.

Enseguida, salió de aquella "piedra" una persona alta, delgada y con voz chillona que dijo: -Mod, Boli, pasad, por favor.-
Haya se encontraba consciente y muy bien atendida por aquella gente.
Estaban hidratándola, pues la causa del desvanecimiento la achacaban a la carencia de líquidos. Mod y Boli también sufrían vértigos esporádicos pero no eran debidos a la misma circunstancia. Pasados unos minutos, Haya recuperó el sentido y agradeció, una y otra vez, la bondad demostrada por esos seres .
- Comed y descansad un rato. Hablaremos cuando os hayáis recuperado -
dijo una de esas personas con voz amable.

Aquellos individuos salieron del recinto dejando a nuestros amigos en soledad, momento de intimidad que aprovecharon para comentar el contacto con aquellas increíbles criaturas y; sobre todo, para reposar, pues el cansancio almacenado era extremo. Haya despertó sin hacerse una composición de lugar correcta. Se frotó los ojos y comenzó a ver la realidad con claridad: Se encontraba junto a sus dos infatigables compañeros en una acogedora estancia. La habitación contaba con alfombras de una textura sedosa, ricas en colores y formas. Los muebles eran artesanales, realizados por algún excepcional ebanista. Lo cierto es que aquellos enseres parecían tener vida propia y estaban elaborados con una inusual sensibilidad que reflejaba el espíritu de la tribu. Haya despertó a sus dos queridos compañeros, pues había perdido la noción de tiempo y no deseaba hacer un desprecio a sus anfitriones .
- ¿En qué pesadilla nos encontramos ahora? - preguntó Mod, aún durmiendo.

- No, Mod. Seguimos en este peculiar poblado de gente amable. - contestó Haya-. Debemos salir a su encuentro, sería una descortesía no hacerlo.

Salieron de la estancia. Era ya de noche y algunos miembros de la tribu estaban reunidos alrededor de una pequeña hoguera, a unos veinte metros del dintel de la falsa puerta que se disponían a cruzar. La buena gente que allí charlaba tranquilamente, al notar su presencia, les invitaron a sumarse a la tertulia, presentándose, uno a uno, cordialmente .

- Venid, amigos, por favor venid y brindemos por vuestra felicidad - dijo un jovencillo con ganas de aventuras.

Mod y Haya se sentaron con ellos y Boli hizo lo mismo entre las piernas de Haya. Participaron de la conversación hasta que el diálogo cedió su turno al monólogo protagonizado por uno de los chicos KOOR:

- Todos nosotros formamos el clan KOOR. Yo, como acabáis de saber, soy Peura. No, no me miréis como a un jefe, aquí no hay jerarquías, simplemente me he ofrecido de portavoz para explicaros dónde os encontráis y comentaros cómo y por qué somos así.

- Nuestros antepasados - continuó Peura- fueron grandes amantes de la naturaleza, se unieron a ella quedando así protegidos por su grandeza.
Somos una tribu pacífica, preferimos la muerte antes de usar la violencia y siempre hemos tenido unos curiosos depredadores que nos han devorado al mínimo descuido. Son unos híbridos, una especie de gallina gigante con largos brazos de oso, una extraña mutación genética que dispone de una insaciable sed de sangre. Al principio nos defendíamos de aquellas criaturas agudizando nuestros sentidos y escondiéndonos en nuestros miméticos hogares, pero el intervalo entre los ataques fue cada vez menor y empezamos a tener las primeras bajas. Por este motivo se reunió el Clan en la "Sala Koor", destinada a reuniones periódicas para la planificaciónanual del trabajo y de las demás cuestiones que afectan a la vida social de KOOR. Allí nuestros antecesores quedaron confinados durante días buscando la manera de librarse de los constantes y brutales ataques. No encontrando ninguna solución brillante, decidieron agudizar al máximo los sentidos y construir una gran puerta que les cortara el paso en la "Cueva de los Dos Mundos". Sin duda conocéis el portón al que me refiero. Continuaron los ataques, y, de vez en cuando, los cazadores conseguían su botín.
Evidentemente, nuestras mentes no estuvieron a la altura de las circunstancias.

Fue la naturaleza, mediante la Evolución, la que nos ofreció la solución a este tremendo problema. Gradualmente nos dotó de un arma disuasoria magnífica, con una efectividad abrumadora. Por fin, nuestra peor pesadilla se tornó en un dulce sueño. Repelíamos a aquellas demoníacas criaturas sin usar la violencia. Qué genialidad, ¡Nuestro apéndice vencía a esos buscadores de sangre fácil!. Si, este apéndice del que os mofasteis al llegar aquí. Esta prolongación de casi un metro de longitud, que comienza en el ombligo y, erecto y macizo se convierte en un enorme "pene de pego", atemoriza a esos crueles híbridos, haciéndoles huir como si hubieran visto al mismo diablo. Es genial, aunque un poco incómodo. ¡Es formidable!, ¿Verdad?. ¡JA, JA, JA.!, ¿Verdad que sí?. - repetía el feliz interlocutor de aquella especial comunidad.

Haya y Mod comenzaron a reír de nuevo. Esas enormes prolongaciones casi llegaban a la hoguera y parecía que iban a obtener llama de un momento a otro. Quedaron fascinados por la sencillez y la bondad de aquellas gentes. Sin duda éste era el paraíso que soñaron con tanta intensidad en Inuelt.

- ¿Podemos quedarnos aquí? - preguntó Haya ilusionada-. Venimos de Inuelt, una ciudad en la que la vida es una tortura y el amor la muerte.

- Sabemos de dónde procedéis - señaló Raus, el hombre de barba blanca y mirada dulce-. Aquel sendero misterioso no estaba allí por casualidad. El "Guardián del Otro Mundo" captó vuestra sensibilidad y os condujo hasta aquí. De no haber sido así, la muerte os hubiera hecho presos en aquel precipicio. En el otro lado no existe la felicidad. La envidia y la codicia desmedida que allí reinan, son compañeras inseparables de la obsesión y la obcecación conduce, inevitablemente, a una amarga y aberrante locura-.

- Quisiéramos que os quedarais - continuó Raus-. Os lo digo con el corazón, pero no es posible. Nosotros, desgraciadamente, no os podemos defender de esas infames criaturas. Moriríais en pocos días o emplearíais la violencia para evitar ser destrozados y devorados por esos demonios.
Agonizaríais sin haber llegado a comprender el verdadero significado de la vida.

- Pero, nosotros nos sabemos defender - exclamó Mod con insistencia-.
Hemos llegado hasta KOOR sorteando y evitando muchos y grandes peligros y nunca hemos usado la violencia, bueno, casi nunca. Además, sobrevivir en una ciudad como Inuelt, requiere gran habilidad y constante concentración.
Escapar de Inuelt os aseguro que no es tarea fácil - concluyó Mod, impotente por la definitiva negativa.

- No insistáis - dijo Mara, una bella mujer que formaba parte del grupo.
Hace años, nuestros ancianos acogieron a una pareja, también llegada de Inuelt, y lo lamentaron el resto de sus días. No supieron defenderlos de aquellas criaturas y esas cándidas almas acabaron en las fauces de las bestias, ante la sucia mirada de nuestros ancestros. ¡Jamás volverá a suceder esto en KOOR!. Lo tenemos escrito a fuego vivo en el alma y nunca cambiaremos de idea.

Ahora bien, no os desaniméis. No creáis que os vamos a dejar ir, sin más.
Que nos vamos a desentender de vosotros. Desde ahora y para siempre, formaréis parte de nosotros y siempre estaremos unidos físicamente y, sobre todo, con el corazón-.

- Entonces Mara, partiremos ahora - dijo Haya con tristeza.

- No, Haya - contestó la bella mujer-. Descansad una jornada y reponed fuerzas. Salir de este bosque requiere estar muy vivo. Nosotros os acompañaremos hasta que el bosque pierda su encanto, y, una vez allí, os indicaremos el camino a seguir.

- ¿Qué nos espera? - preguntó Mod-, tengo la sensación de que conocéis nuestro futuro.

- Nadie sabe cual va ha ser su futuro - respondió Rom, otro miembro del clan que hasta ahora había permanecido en actitud pasiva-. Vuestro futuro lo tenéis que modelar vosotros, día a día, minuto a minuto, dándole tiempo al tiempo y vida a la vida. Nosotros nos limitaremos a conduciros a un lugar en el que podáis comenzar una nueva vida, pero no os podemos prometer que en ese lugar no os acechen peligros que puedan costaros la vida.

- Bien, Rom - dijo Haya dirigiéndose al joven interlocutor-, podremos con todo y nunca miraremos atrás. El profundo amor que nos profesamos nos hará invencibles . . .

Después de las palabras de Haya, se creó un clima distendido. Siguieron conversando durante un buen rato, contando anécdotas e intercambiando experiencias hasta que los repetidos bostezos anunciaron el deseo de soñar. Soñar una y otra vez con motivos que alegren el alma. Sueños que deshagan el odio y besen el llanto del niño.

Haya, Mod y Boli fueron conducidos hacia una agradable estancia situada en la "Sala Koor". Una especie de habitación de invitados con un ambiente cálido y camas mullidas.

- Elige Mod - dijo Haya refiriéndose a las camas.

- Aquella parece mayor. Si, en ésta dormiremos plácidamente los tres - Respondió Mod acercándose al lecho.

- ¡Mod!, pero ¿Has visto?. ¡Nos han preparado un baño caliente! - exclamó Haya deseosa de zambullirse en aquella colosal bañera.
- ¡Estupendo, Haya!. Vamos a nadar en esa pecera - respondió Mod entusiasmado con la idea.

Se dieron un buen baño, aunque a Boli el arte de navegar no le hacía ninguna gracia. Terminado el relajante baño, Haya le propuso una noche de placer a Mod y éste aceptó encantado. A continuación cayeron en un profundo sueño. Un sueño en el que la extenuación jugaba con ellos, lanzándoles continuamente flases de sus vidas, sin darle tregua al descanso. Un sueño del que despertabas con la sensación de no necesitar dormir nunca más y, sin embargo, sentirte cansado, muy cansado. Al despertar, Mod se encontró de frente el rostro de Haya .

- Qué preciosa eres. Cómo te quiero, vida mía - dijo Mod susurrando.

Boli, al oír la delicada voz de Mod, subió por la cama hasta llegar a sus rostros, llenándoles de besitos; pues se anunciaba un nuevo día en el que él también quería participar del sueño de la vida. Al levantarse, observaron que aquellas gentes les habían dejado túnicas rosas y blancas, como las que ellos lucían habitualmente, mantas y otros víveres que anunciaban un viaje de sueños y esperanzas. Se vistieron con aquellas ropas, que disfrutaban de un tacto singular, y salieron al exterior observando la gran actividad de la tribu. Cada uno tenía bien definida su labor y todos colaboraban en el mantenimiento del poblado.

Díandra, una simpática joven KOOR, se dirigió a ellos y les acompañó a un lugar en el que habían preparado unas humildes viandas. Una modesta comida, pues los KOOR sólo ingieren el alimento que realmente necesitan, no por cuidar su línea, sino porque el alimento va asociado a la muerte de alguna criatura. Para ellos, la comida no es un placer, sino una necesidad y un sufrimiento. Realmente la hora de la comida es el peor momento del día. Nuestros tres amigos terminaron rápidamente de comer, quedando con más hambre que cuando empezaron. Era tarde y sólo les dio tiempo a dar una pequeña vuelta por el poblado. Mara llamó su atención y les instó a preparar sus pertrechos para partir en pocos minutos.





El encuentro con los endemoniados híbridos



CAPÍTULO IX





Haya, Mod y Boli, después de despedirse de aquella fantástica gente, con cariño y tristeza, partieron con un grupo de cinco nativos formado por tres chicas y dos varones KOOR. La expedición tendría una duración de unos cuatro días. El misterioso bosque no tenía secretos para los KOOR y los híbridos hacía muchos años que no querían saber nada de aquellos enormes penes. El peligro, pues, se cernía sobre los indefensos compañeros que dependían de la pericia de sus anfitriones. Caminando por el bosque, se percibía claramente el cariño y respeto que los KOOR obtenían de su entorno. Mientras andaban, comentaban cualquier manifestación de la naturaleza que se encontraban en su camino.

Haya se estaba cansando de tanta sabiduría natural. Su interés en este momento se centraba en la incertidumbre de conocer su futuro más próximo.
Siguieron caminando, cuando Haya abordó a Díandra con intención de averiguar cualquier dato que le ayudase a descifrar su porvenir .

- ¡Hola Díandra! - exclamó Haya-, ¿Cuándo crees que llegaremos a nuestro destino?.

- Creo que en dos días y medio o tres alcanzaremos nuestro objetivo. Lo cierto es que esta es la primera vez que realizo un estupendo y prometedor viaje - contestó Díandra, entusiasmada por correr esta aventura.

- ¿Sabes de alguien que haya pasado al otro lado?. ¿De cualquiera que hubiera salido, en este u otro tiempo, del bosque con vuestro conocimiento?
- preguntó Haya, insistiendo en su propósito.

- Haya, por favor. Sé por dónde vas y, créeme, no te interesa conocer más de lo que sabes - le respondió Díandra, y continuó hablando-. Una vez Dáncell, mi padre, me llevó dando un paseo a una colina cercana a KOOR. Al llegar a la cima, no me atrevía a bajar. Me aterraba dar un solo paso.
Dáncell me habló con ternura y sabiduría diciéndome:
Hija mía, cariño, no mires toda la colina o te asustarás por su gran pendiente y extensión. Sólo mira donde das el primer paso y, cuando lo hagas, asegúrate de que el segundo te pida el tercero y disfruta bajando esta blanda colina. Seguí las instrucciones de mi padre y ese día fue uno de los más felices de mi vida. Desde entonces, comprendí que la vida te va pidiendo, poco a poco, sin prisa, lo mejor de ti, y lo mejor es que tú tienes la oportunidad de amar la vida o de luchar contra ella. De hacerlo así, no lo dudes, la vida no perdona el odio, sobre todo el horrible odio que pueda llegar a tenerse uno mismo culpando al mundo por ello, una y otra vez.-

- Haya, comprendo tu incertidumbre - continuó Díandra con voz paciente-; pero no quieras que yo disponga de tu vida, que nadie organice tu vida. Haz lo posible por ser feliz pasando tu existencia junto a Boli y Mod. Si basas tu vida en el amor no te será difícil hacerlo.

- Perdona Díandra - se excusó Haya-. Siento haberte subestimado. Espero que disculpes mi falta de escrúpulos, pero no sólo pienso en mí. Llevo en mis entrañas el trocito más preciado de mí y por él estoy dispuesta a hacer cualquier cosa. Ante la tremenda incertidumbre de no saber lo que nos espera, estoy aterrada. Yo no soy una mujer violenta, de hecho me repugna la violencia, pero te aseguro que por mi hijo mataría.
- ¡No digas eso Haya! - replicó Díandra-. La violencia devorará tu corazón. Con esa actitud sólo conseguirás sembrar el odio entre tus descendientes.
¿Crees que pasarle tus errores sería el mejor regalo que le podrías hacer a tu hijo?.

- Estoy convencida de tu honestidad y nobleza, Díandra, pero evidentemente somos de una naturaleza diferente - concluyó Haya.

Continuaron caminando. Haya y Díandra lo hicieron con la cabeza baja durante un buen rato, pues su anterior discusión les había distanciado. La expedición llegó a su tercer campamento y se dispuso a acampar. El ambiente era estupendo. Sólo rompían la armonía los rostros de preocupación que se les adivinaban a Mod y, sobre todo a Haya.

Haya no le había comentado a Mod su feliz estado. La excesiva preocupación a la que le podía someter no le dejaba hacerlo. Todo tiene su momento, se decía para sí misma.

Biubar, uno de los varones KOOR que formaba la expedición, solicitó ánimo a nuestros queridos amigos; pues, al caer la noche, se les apreciaba realmente abatidos .

- Haya, me estás preocupando - le dijo Mod. Y continuó-, desde hace horas te encuentro deprimida. ¿Qué te ocurre?.

Transcurrieron unos segundos y Haya contestó- Mod, te quiero mucho, con toda mi alma. No te preocupes más, mañana el sol me infundirá renovadas fuerzas-.

- Descansemos ahora.-

A la mañana siguiente emprendieron la marcha. Efectivamente, a Haya se le veía otro talante. La noche se llevó sus miedos dejándola radiante. Los KOOR seguían en su línea, hablando y jugando mientras hacían camino. A pocas horas y, de repente, los KOOR rodearon a nuestros amigos. Les protegían haciendo un círculo a su alrededor y disponiéndose de espaldas a ellos. Haya, al temerse lo peor, cogió en brazos a Boli e intentó averiguar lo que pasaba más allá de los KOOR .

En ese momento Mod exclamó- ¡Mira Haya!, ¡Son los híbridos en busca de sangre fresca!-.

- O son cachorros de híbridos, o no parecen tan fieros como los pintan - dijo Haya sonriendo, y añadió-, claro que si no te defiendes.

En efecto, el aspecto de los híbridos, a simple vista, no era peligroso. Su metro veinte de estatura y su torpeza al evolucionar por el terreno, producía la sensación de estar ante unas criaturas fácilmente domesticables. Pero nada más lejos de la realidad. Aquellos híbridos lucharían hasta su último aliento para poder engullir un trozo de carne que aún marcara el latido. La técnica disuasoria de los KOOR consistía en mantenerlos a raya con su enorme "pene de pego" y, cuando percibían que la obsesiva sed de sangre pasaba a ser temor ante los grandiosos apéndices, los KOOR faroleaban y, a la vez, daban dos pasos hacia delante. La estratagema era impecable. Las bestias se batían en retirada cacareando, gruñendo y dando unos increíbles saltos mientras agitaban los brazos golpeándose la cabeza con extrema violencia.
Después de ver aquella batalla, Mod cambió radicalmente de opinión. Nunca volvería a ver a esas criaturas como antes. La huida de aquellas bestias fue espeluznante.

Concluida la batalla, los KOOR, en una especie de sacro ritual, dieron gracias a la naturaleza por su inestimable ayuda y, seguidamente, continuaron caminando satisfechos por haber salvado la vida a sus queridos amigos.

En el cuarto día, el ambiente entre los miembros de la expedición era nervioso. Los KOOR estaban llegando a su destino y la disgregación del grupo era inminente. En cambio, Haya y Mod charlaban y reían distendidamente, comentando la escena de los híbridos en retirada.
Siguieron andando hasta que la espesura del bosque dejó filtrar los primeros rayos de luz .

- El bosque se está abriendo - señaló Bíubar-. Pronto llegaremos a nuestro destino . . .

Ciertamente, la expedición KOOR estaba a punto de cumplir su objetivo.
Por fin salieron a un claro desde el que se divisaban, a lo lejos, una montañas con picos manchados por las nieves perpetuas .


El Cañón de la Confusión Aspirada



CAPÍTULO X



Al llegar a este punto dijo Mara: - Fijad la vista en aquellas siete montañas y centraros en la que se encuentra en su mitad, pues a esa os habréis de dirigir. Para llegar a vuestro destino tendréis que pasar por una última prueba en la que la seguridad en vosotros mismos será determinante. Llegaréis al "Cañón de la Confusión Aspirada". Una vez allí uniros más que nunca y no desconfiéis el uno del otro o estaréis perdidos. Ningún KOOR ha superado esa prueba-.

- "El Cañón de la Confusión Aspirada." - dijo Mod en voz baja, pensativo-, ¿Cómo encontraremos ese lugar? -preguntó con curiosidad.
Caroa, una dulce mujer KOOR le contestó- no te preocupes por eso Mod. Él te encontrará a ti. Seguirás su sibilina llamada y te adentrarás en él. Si controlas tus miedos saldrás de allí.-

- Y después, ¿Hacia donde iremos, Caroa? - preguntó Haya desconsolada.

- Si superáis la prueba iréis directamente a buscar vuestra ansiada libertad-.

- Y nosotros, ¿Nos volveremos a ver? - preguntó Mod.

- Nunca se sabe Mod. Nos separan barreras infranqueables; pero creerme, siempre permaneceremos unidos-.

- Esto suena a despedida -dijo Haya con aire de resignación.

Los KOOR volvieron a casa y dejaron a nuestros amigos, de nuevo, solos ante el mundo. Faltaban dos jornadas hasta llegar al pié de la "montaña de los siete cañones" y Mod, Haya y Boli seguían el rumbo marcado con decisión. Aquellos pedregosos parajes no poseían ningún encanto especial.
Sólo la sombra de algún gran pájaro, en busca de comida de sangre fría, rompía la monotonía. Hasta el cielo había sustraído su especial brillo y su hipnótica profundidad. Aquel árido valle parecía haber perdido una de sus tres básicas dimensiones de las que disfrutamos habitualmente, convirtiéndose en una anodino lienzo realizado por algún mediocre buscador de belleza.

Siguieron caminando bajo un sol abrasador, inquietos y optimistas, hasta llegar al pié de la montaña y comprobar que, efectivamente se bifurcaban siete cañones buscando su falda .

- Mod, ¿Escuchas alguna extraña llamada? - preguntó Haya con curiosidad.
- No, no oigo nada extraño. Vamos por este desfiladero - contestó Mod con voz segura.

- ¿Por qué por éste? - insistió Haya.

- Por alguno tendremos que ir, ¿No? - respondió Mod aireado.

- Vamos por aquí, no me gusta el interés que depositas en ese camino - concluyó Haya.

Por fin se decidieron por uno de los siete caminos ofrecidos por la montaña. Haya les condujo directamente al cruel desfiladero, pues ella fue la tentada por él. Se adentraron por el peligroso cañón convencidos de que su elección era la correcta; pero, pasados unos minutos, Boli comenzó a gruñir adoptando una postura de ataque respecto a Mod.

Así era, tenía a Mod enfrente y esperaba cualquier movimiento suyo para atacarle con furia. Sin duda sufría una seria alucinación en la que Mod se había transformado en uno de esos híbridos sedientos de sangre. Por su aspecto, era evidente que Boli se iba a jugar la vida por salvar las de sus queridos compañeros. Pero Mod no se quedó inmóvil. Al contrario, huyó despavorido al creer que su pequeño amigo era también uno de aquellos demoníacos híbridos. Boli salió corriendo detrás de Mod y le hizo presa en el pantalón, a la altura del tobillo, mientras Mod seguía corriendo y chillando como un poseso. Haya no daba crédito a aquella increíble situación. Llamaba su atención insistentemente y, cuando fue a separarles, observó como su abdomen se hinchaba hasta reventar, saliendo de él un
endemoniado monstruo de dos cabezas que, inmediatamente, atacó a Boli con furia desmedida.

La situación era límite y nadie era capaz de poner orden en aquel despropósito.

"El Cañón de la Confusión Aspirada", tan temido por los KOOR, era una horrible confabulación en las que las alucinaciones producidas por las fobias más profundas producían un efecto devastador en cualquiera que lo desafiase.

De repente, Haya volvió a la realidad y comprobó que estaba mordiendo a Boli y éste, a su vez, mordía a Mod. Haya separó los dientes de Boli inmediatamente y, seguidamente, liberó a Boli de Mod. Boli chillaba por el dolor y Mod quedó en cuclillas unos instantes, hasta que reaccionó de aquella bárbara pesadilla. Sin duda el más perjudicado en este trance fue el pequeño caniche.

Pasado el apuro, Boli chilló durante un buen rato, en parte por el dolor producido por el mordisco de Haya y; sobre todo, por el miedo que le envolvía en ese momento. Mod lo cogió en brazos y dio la mano a Haya. Ambos se decían con la mirada que la experiencia que acababan de sufrir no había sido ninguna broma, sino que el potencial de aquella garganta era inmenso.

Siguieron adentrándose por el desfiladero. Mod miró a Haya y observó que le miraba con un aire inquisitorio; por lo que, supuso que estaba inmersa en otra horrible alucinación y deseó alertarle de su estado; pero, al acariciar a Boli, advirtió que se encontraba en un avanzado estado de descomposición. Se había transformado en un trozo de carne putrefacta que albergaba a cientos de gordos y grasientos gusanos. Una carroña que asomaba, a su antojo, tres enormes lenguas que avanzaban por su brazo como pegajosas y húmedas serpientes ansiosas por introducirse en su cuerpo.

La primera intención de Mod fue desprenderse de aquel inmundo esperpento, pero realizó un eficaz ejercicio de concentración y logró volver a la realidad, comprobando que todo estaba correcto y que Haya, aunque un poco preocupada, tenía un talante sereno.



Soulme, el amante del mundo



CAPÍTULO XI


Continuaron caminando, hasta lograr salir de aquel callejón de sueños vejados, cuando la claridad de un hermoso día inundó sus corazones. El paisaje era limpio, verde, vivo. Miles de abetos sostenían la hermosa montaña flotante que se disponían a afrontar, y un río cristalino bailaba en su cauce ofreciendo su tesoro generosamente .

- ¿Crees que es éste nuestro ansiado paraíso? - preguntó Haya emocionada.

- ¿Qué precioso lugar para vivir! - respondió Mod-, pero no creo que todo sea tan bonito como parece. Sigamos caminando y, ya veremos.

Subieron por la falda de la montaña con el fin de alcanzar la meseta que, entre nubes, distinguieron desde el pedregoso valle. Al llegar, observaron una silueta dibujada a lo lejos. Una silueta ingrávida, quieta. Producía la sensación de pertenecer a la montaña y, al mismo tiempo, de formar parte de ellos. Continuaron caminando y aquella difuminada figura fue adquiriendo nitidez hasta configurarse en un anciano de cejas anchas, barba cuidada, pelo cano, cara de santo y lágrimas en los ojos. Un anciano hombre que, al verlos, sintió una emoción muy especial .

A escasos metros de él, Haya le preguntó: - ¿Por qué llora señor?. ¿No habremos quebrado su intimidad?. Le aseguro que sería nuestra última intención-.

- No hijos, no. Me habéis traído el regalo más preciado que jamás hubiera soñado - dijo aquel hombre con lágrimas en los ojos-. Seguidamente les preguntó su nombre.

- Somos Haya, Boli y bueno, yo, Mod; y venimos de. -
- Sé bien de dónde procedéis -sesgó dulcemente la centenaria persona-.
Hace muchos años Miusa, Shanfer y yo, Soulme iniciamos el mismo viaje . . .

- Pero venid y pasad a mi humilde morada - continuó diciendo Soulme-, supongo que traéis un apetito voraz. Estos KOOR se mantienen del aire.

Después de comer un delicioso plato confeccionado con base de trufas y fresas silvestres, entre risas y bromas continuó Soulme: - Miusa, Shanfer y yo, hace unos cuantos años, la verdad es que no sé el tiempo que ha transcurrido desde entonces; pero, éramos jóvenes, muy jóvenes, de vuestra
edad - volvieron a llenársele los ojos de lágrimas-, perdonad, soy un pobre viejo sensiblero, llegamos a esta preciosa montaña después de superar un sacrificado viaje. Bueno, que os voy a contar del viaje.

- A propósito, ¿Habéis visto a Kannor de KOOR?, ¿Y a Bidsa y Yersay?, ¿Cómo está Yersay?.

No, supongo que no. Eran mayores que yo y habrán . . ., curiosa tribu aquella. Confiad siempre en ellos. ¿Veis aquella colosal pila de ramas secas?. Pues bien, está ahí para que, en caso de peligro, aviséis a los KOOR. Ellos os esperarán al otro lado del desfiladero deseando ofrecer su ayuda. En fin, ya los conocéis, son una gente excepcional-.

- Al poner los pies en esta montaña divina - continuó Soulme- creímos que era nuestro paraíso soñado. Y así fue durante unos años, sin duda los más felices de nuestras vidas.

- Aquí se pierde la noción de tiempo; por lo que, disculpad mi torpeza al citar datos acerca de fechas o edades. A los dos o tres años de vivir en este precioso lugar, Miusa cayó enferma, muy enferma. Una terrible fiebre, acompañada de una persistente tos, le consumían el alma, y lo peor de todo es que yo no sabía como actuar para paliar esa súbita agonía. Probé con varias infusiones de plantas, pues mi padre practicó la medicina en Inuelt y me traspasó parte de sus conocimientos para que, algún día, siguiera sus pasos; pero, desgraciadamente, tuvo una muerte trágica y no me pudo enseñar lo suficiente como para salvar a mi querida Miusa. Sólo los KOOR disponían del antídoto para cortar esa fiebre mortal transmitida por un insecto que se localizaba en el bosque KOOR. Desesperados, Shanfer y yo, salimos, a toda prisa, en busca del preciado antídoto. Tras superar con muchos problemas, pero con éxito el caótico "Cañón de la Confusión Aspirada", nos adentramos en el bosque y corrimos sin cesar durante días hasta que un grupo de híbridos nos sorprendió con su feroz ataque. Shanfer, mi querido labrador, se enfrentó a aquellas criaturas con valentía, sabiendo que moriría destrozado por las inmundas bestias y que de su valentía y sacrificio dependían nuestras vidas. Pero su sacrificio fue en vano. Salvó mi vida, si, y siempre se lo agradeceré, pero Miusa ya había fallecido al llegar al hogar.

Me sumí en la desesperación más profunda y aquellas maravillosas montañas en las que construimos nuestro futuro se tornaron en un oscuro abismo que me destrozó el alma. La impotencia de no haber podido salvar a Miusa y la cobardía al haber dejado solo a Shanfer atormentó mi vida, provocándome continuos vómitos que precedían a unos violentos vértigos que me sumían en otros mundos. Durante mucho tiempo sufrí este castigo. Si, un largo periodo de tiempo en el que la desesperación estuvo a punto de acabar conmigo. Debilitado y maltrecho, algo me decía que debía recuperarme de aquel infierno. No sabía la causa ni la razón, pero en mi interior una dura voz no me dejaba morir como un miserable. Así, poco a poco, comprendí que la causa de seguir vivo era la de continuar aprendiendo de la vida para transmitir mis experiencias con la esperanza de que en el mundo, al fin, se acaben las guerras y que el odio; que en definitiva es amor mal entendido, desaparezca para siempre.

De esta manera, el resto de mi vida lo he pasado investigando sobre lo único que me ha interesado y me ha mantenido activo y pleno:
"¡Por AMOR!.

El amor, que te ofrece la dicha y tú sin saberlo, lo niegas una y otra vez.
El que engrandece a la persona y le proporciona plenitud eterna . . .
El que agita al mundo y lo conmueve hasta obtener una lágrima suya y, besándola con dulzura la transforma en inmenso placer".



- Si llegáis a conseguir formar parte de la naturaleza - prosiguió Soulme con añoranza-, respetar y amar la vida que os rodea como a vosotros mismos, conseguiréis vivir felices. De otro modo el mundo se mostrará hostil y os sumirá en un infierno.

Antes de vuestra llegada, llevaba ya un tiempo pensando que mi cometido en este mundo había concluido. Ahora estoy seguro de haber cumplido mi misión. En mi cabaña encontraréis escritos todos mis pensamientos. Me voy con la convicción de que quedan en inmejorables manos.

- Perdonad, pero deseo, con todo el corazón, reunirme con mis queridos compañeros - dijo Soulme retirándose a su morada-.

- ¡Soulme!. ¡No nos abandones! - exclamó Haya enfurecida.

- Déjalo Haya. Sin duda ha llegado su hora -concluyó Mod.

.Horas después Mod daba las últimas paladas mientras se enjugaba las lágrimas. Enterraron a Soulme junto a Miusa a escasos metros de su hogar. Mod quiso esculpir un epitafio en un trozo de madera y, en el afán de buscar su pequeña navaja, rastreó el fondo de la mochila, encontrando una semilla que rápidamente asoció con el almendro que encontraron en "la Colina de la Ballena" y del que tan cálido recuerdo guardaban .
- Mira Haya - dijo Mod mostrándole la semilla.

- ¿Estaba en tu mochila?, ¿Es del triste almendro al que juramos amistad eterna? - preguntó Haya.

- Creo que sí - contestó Mod y prosiguió-. Si así fuera me sentiría más protegido en este desconocido rincón del mundo.

- Tengo una idea, dame la semilla - dijo Haya.

Haya cogió la semilla de la mano de Mod y se dirigió hacia la tumba de Miusa y Soulme. Mientras Haya habría un hueco en la tierra para depositar la semilla, resbalaba por su mejilla una lágrima que terminó bañando dulcemente a la rabiosa vida.

Una vez concluido el ritual, quedó un rato arrodillada delante de la tumba. Mod se acercó y la abrazó sabiendo que allí habían dejado el primer y mejor vestigio de su nueva vida. Caminaron unos pasos y se giraron al oír como crujía el tallo que con virulencia desafiaba su destino y penetraba en el aire para que, seguidamente, el tronco adulto de un colosal almendro diera paso a unas flores cristalinas que despreciaban los colores, uno a uno. Y del tronco de aquel maravilloso árbol brotó, esculpido en relieve, el busto de Shanfer, el valiente compañero que no dudó ni un instante en dar su vida por amor. Así, el sueño de Soulme se hizo realidad y volvieron a estar juntos los tres hasta el fin de los tiempos.
Haya cogió a Mod de la mano y poniéndola en su vientre le dijo: éste es un magnífico lugar para que nuestro hijo crezca sano y feliz. Mod, llorando, la besó apasionadamente formulando un deseo con todo su corazón. Haya, Boli y Mod, más unidos que nunca, vivieron como lo que aquel cansado sabio y hermoso hombre les inculcó y lograron disfrutar de una vida plena y feliz en aquella montaña que siempre les quiso y respetó.

Soulme, su amado hijo, dedicó su vida a difundir la sabiduría que aquel anciano les transmitió y, aunque murió joven a manos de unos cafres, logró crear un movimiento que nunca paró y que salvó al mundo del caos.

(Volver a la primera parte de este cuento)

 

 (c) Carlos Aguilar Agulló,   1999.
 
 

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