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SOLO BUSCABA VENGANZA
Por Patricia Méndez
Solo buscaba venganza, venganza por todo lo que me hicieron pasar, por las humillaciones,
por las traiciones, por todo...
Fue un error no haberlo hecho antes, si lo hubieran hecho otros, me daría pena,
me daría pena el no haberlos matado yo... Me daría pena el no haber disfrutado
tanto como lo hice... Cometieron una grave torpeza al conocerme, al creer que
podían reírse de mi, sin castigo alguno... Je¡¡¡ que ingenuos...
La verdad, la única que de verdad ha reído soy yo, yo me he reído de todos,
y no creo que bajen a la tierra a pegarme por haberlo hecho... Estoy muy orgullosa
de mí... poca gente es capaz de destripar a cinco estúpidos adolescentes en
20 minutos sin dejar rastro alguno de si... sin huella a quien perseguir...
Eliminarlos del mapa fue una aventura inesperada, nunca llegué a pensar que
tendría el suficiente valor para hacerlo, pero el truco esta ahí, en no pensar,
en no ser conscientes de lo que hacemos...
Eran cinco, tres chicas y dos chicos... estúpidos todos ellos, con el corazón
muy chico, y con muchas ganas de joder a la gente, sobre todo a los que no se
podían defender. Creían que yo era la típica niña pija del barrio, a la que
podían chulear cuando quisieran, a la que podrían hacer de sufrir... ¡¡¡Joder!!!
Solo de pensarlo me dan ganas de volverlos a matar, de sacarle los ojos y metérselos
por el culo... Pero ya me da igual, se ahogaron en su propia sangre...
Ahora las familias lamentan su muerte...
Después de haber estado dos años de mi vida sufriendo por ellos, me cansé. Quise
tal venganza, que decidí hablar con mi novio. Él sabía lo que yo sufría por
ellos, pero se negó, me dijo que estaba loca, que nunca se metería en este juego
absurdo... que nunca se arriesgaría a arruinar su vida...
Más rabia que nunca recorrían mis venas, al saber que estaba sola, y decidí
actuar...
Les mandé una carta a cada uno de ellos, para reunirles en un caserón viejo
y aislado a las nueve en punto de la noche... ellos me lo comentaron, decían
que les habían invitado a una fiesta, y que a mi no, como siempre, empezaron
las risitas y los chuleos, pero ya sabéis: quien ríe ultimo, ríe mejor.
Llegó la hora. Estuvieron todos mas o menos a la hora indicada. No estaba nerviosa,
estaba fría, muy seria, tenía la mente en blanco, no pensaba, no era yo, solo
estaba mi instinto asesino deseando destriparles como a gusanos...
Al entrar todos ellos, cerré la puerta y empezaron a cachondearse de mi, a decirme
que si era una broma no tenia gracia, y que si no tenia gracia me pegarían,
pero yo dije que si iba a tener gracia, y saqué mi mano del bolsillo, pero no
estaba sola, estaba acompañada de una bonita pistolita, y con ella metí un tiro
entre ceja y ceja a la primera chica. Todos se quedaron boquiabiertos, intentaron
irse, pero al amenazarlos se quedaron. Cogí a la chica muerta, y la puse enfrente
de mí. La tumbé y la destripé delante de ellos. Entonces, al ver que iba muy
en serio, hicieron caso a todas mis ordenes, les até a todos, y empezó la diversión.
Cogí un riñón de la víctima, y se lo hice comer a uno de los chicos, después
de varios vómitos. Cogí una navaja y se la clavé en la ingle. Tras varias puñaladas,
seguía vivo, y decidí mejor que muriese desangrado. Fui a otra de las chicas,
y nada mas mirarla a los ojos, se puso a llorar. Intentaba gritar, pero imposible,
le cogí la lengua y se la corté con la navaja. Solo sabía sangrar, pero rápidamente
le clavé la navaja en el ojo, y se quedó quieta, supuse que ya estaba muerta,
y así era. Cogí a la otra chica, y después de varios puñetazos, y alguna conversación,
cogí unos alicates y le arranqué los pezones. Gritaba como una descosida, pero
no serviría de nada, no había ni un alma a más de 20 kilómetros a la redonda...
supongo que así se desahogaría. Al dejarla llorando, fui a por el ultimo chico,
y decidí coger la pistola y meterle un tiro entre huevo y huevo. Me miró a los
ojos, ojos tristes, me vio tan sonriente que solo supo decir por que... Esa
palabra me jodió tanto que me lancé a por él, y le pegué puñalada tras puñalada,
hasta verle más muerto que la momia de Tutankamon. La chica sin pezones fue
la única que vivió un poco más, ya que era a la única que cogí un poco de cariño.
Bueno, cariño, al principio, les cogí a todos, hasta que ese cariño se convirtió
en ODIO total... Intenté que me comprendiera, pero no hubo manera. Casi la pobre
no podía pensar, por eso la cogí de los pelos, y la empecé a estampar contra
la pared, así hasta que murió. Después de muertos, empece a jugar con ellos.
Por lo que dicen las noticias, estaban totalmente desfigurados, y fue difícil
identificarles...
Pero no me quede satisfecha. Después de ducharme y de quitarme la sangre de
encima, fui directa a uno que faltaba, a uno que me traiciono. Fui a por mi
ex-novio...
Pregunté por él varias veces, y di con él. Después de enrollarme y tener una
noche de pasión, en su propio apartamento, cuando se estaba duchando, le di
con un martillo en la cabeza. Cayó al suelo, pero no murió. Cogí la ducha, y
con el hilo que la recorre le asfixié...
Al irme de allí ya me sentí totalmente libre.
Después de varios meses con los policías detrás del culo, no consiguieron nada,
y ahora estoy aquí, tengo un niño, y un marido ejemplar, uno de esos que todos
desean, pero aunque ya no sufro, a veces discuto con mi hijo y me dan ganas
de matarle... no se si llegare a hacerlo algún día...
(c) Patricia Méndez, 2000
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